Thursday, December 11, 2008

El chacachá del tren

Hace dos semanas fuimos a Ekaterimburgo, la ciudad donde mataron a los zares… mañana vamos a Moscú.

Ekaterimburgo está a 12 horas en tren de Izhevsk, Moscú a 16. Los trenes rusos son una experiencia que todo el mundo debería vivir una vez en la vida. Intuyo que este año la viviré varias veces. Por lo visto los trenes más modernos son los que van a Moscú. Ya lo veré, pero lo que es seguro es que los que van a Ekaterimburgo son de hace tiempo. El de la ida sería de los 60, el de la vuelta, de los 30, con caldera de carbón.

Hay tres (a veces cuatro) tipos de billete: Primera clase, que es un compartimento para dos personas; Segunda clase o Coupé que es para cuatro personas y Tercera clase o Plat’card que es un vagón abierto es decir, compartimentos abiertos en los que entran cuatro personas a un lado del pasillo y dos al otro. En el vagón en total puede haber unas 30 o 40 personas. El precio del billete incluye normalmente un colchón, una almohada (de plumas, nada recomendable) y ropa de cama. Dicen que primera y segunda clase tienen aire acondicionado, Plat’card no y es un horno. Los baños no están mal. O mejor dicho estarían muy bien si no fuera porque mear en un tren en marcha es complicado y pasadas un par de horas no hay nadie que haya atinado, con lo que está todo encharcado. Un asco.

http://es.youtube.com/watch?v=Nt7xzlNe7-Q (nuestro video sobre los trenes rusos… no lo sé colgar directamente, así que es lo que hay)

A Ekaterimburgo, fuimos Samuel y yo con dos finlandeses y allí nos encontraríamos con otros dos finlandeses más. En el tren íbamos los cuatro apiñados en un lado del compartimento. A la ida no podíamos dormir, yo creo que de la emoción, así que nos recorrimos el tren de punta a punta. En nuestro paseo nocturno conocimos a dos soldados rusos borrachos. Por lo que he oído, forman parte de la fauna típica de los trenes rusos. No sé cuántas cervezas llevarían encima. Sentimos una fascinación mutua en cuanto nos vimos porque puede que fuéramos los primeros extranjeros que vieron en su vida y porque eran los primeros soldados borrachos que conocíamos. Si son tan fáciles de encontrar en un tren, no serán los últimos. Alucinaron bastante en medio de su pedo por el hecho, no sólo de que fuéramos extranjeros, sino porque además ¡éramos de dos nacionalidades distintas! Unas amigas suyas del tren, borrachillas también, salieron a conocernos porque era una oportunidad única. Una de las primeras cosas que nos dijeron ambos grupos, después de las preguntas de rigor: ¿De dónde sois?¿Qué hacéis aquí?¿Por qué Izhevsk/Rusia?¿En qué idioma habláis?¿Y os entendéis entre vosotros?, fue, “jo, vaya, ¿Dónde nos hemos dejado la cámara de fotos?”. Afortunadamente Samuel siempre va armado y tenemos una foto con los soldados. El momento del encuentro con las chicas lo teníamos que haber grabado porque habría unas 9 personas en un metro cuadrado alucinando: ellos porque éramos extranjeros y nosotros porque la situación era alucinante y por la falta de oxígeno que empezaba a notarse.


Mikko, Riikka y yo con los soldados borrachos. Nótese la falta de espacio.

Después de ese trago, fuimos a nuestro compartimento y tras hacer una reunión de togas con las sábanas, nos acostamos a dormir.

A las 6 de la mañana, hora de Moscú; 7 de la mañana, hora de Izhevsk, 8 de la mañana, hora de Sverdlovsk llegamos a nuestro destino. Y, ¿qué es Sverdlovsk? Pues Ekaterimburgo, almas cándidas. Porque los trenes rusos se rigen por unas normas curiosas:
1- El horario de Moscú: En el billete pone la hora a la que sale el tren por la hora de Moscú. En nuestro caso, sólo hay una hora de diferencia pero si viviéramos en Vladivostok, tendríamos que hacer un cálculo en condiciones porque debe haber como 7 u 8 horas de diferencia. Muy útil. Te crees que el tren sale a las 5, pero en realidad sale a las 12. Pero no sólo eso. Las estaciones de tren son un universo paralelo, tierra de nadie. Se rigen por el horario de Moscú igualmente con lo que los descansos para comer o cambiar de turno son a horas un poco raras por el horario local. Por lo menos, el reloj de la estación va por la hora de Moscú y puede situarte más o menos.
2- Los nombres soviéticos: Pues sí. Sverdlovsk es el nombre soviético de Ekaterimburgo. Algunas ciudades sí tienen su nombre actual aunque de momento solo sé de San Petersburgo. Claro que esa es conocida. Yo me llevé un susto con mi billete cuando vi que no iba a Ekaterimburgo hasta que me explicaron la situación. También muy práctico.

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Wednesday, December 10, 2008

DISFRUTE DE SU BAÑO

Pido disculpas por la falta de noticias antes de que me echéis a los leones. Hace unas tres semanas fui a la Bania (baño público con sauna y, a veces, piscina), luego me fui a Ekaterimburgo de excursión con unos amigos y luego me preparé para ir a Moscú. Mi vida es un no parar últimamente. Mañana escribiré otra vez sobre los trenes. Pero ahora sólo hablaré de la Bania.

La bania es un lugar de encuentros entre gente de distintas edades. Yo fui con Rosana, una alemana muy maja. Fuimos una tarde, en plan improvisado. Esta bania, yo creo que un poco antigüilla, pero bien. A la que fuimos esta vez (por lo visto hay más, pero no sé dónde), está en una calle dónde, en mi opinión, deberían haber puesto la residencia nuestra. Tampoco está tan lejos de la universidad (15 minutos andando) y encima es bonita. Todas las casas que dan a la carretera están pintadas de colores. Debe ser porque ahí se sitúa la Casa de la Amistad entre los Pueblos, que es como un ministerio donde se reúnen los representantes de las distintas etnias que viven en Udmurtia. Una imagen muy bonita, como la calle en la que está situada. Se ve que entre todos pintaron la calle y luego la amistad se disolvió y no siguieron pintando.

Pero ese no es el tema. Llegamos a la Bania que está en un edificio naranja. Pagamos y nos hacen pasar por un pasillo. Había cuatro puertas y ninguna indicación. La primera que abrimos daba a un patio que parecía el típico patio donde se crían gallinas, y al final del patio había un cartel que ponía “Bania”. Me pregunto que habría en las otras puertas. La recepción de la bania era bastante bonita… Entramos y le damos el tiquet a la señora de la puerta. Allí mismo estaba ya el vestuario y unas cuantas mujeres desnudas. Casi todas serían ya abuelas, pero había algunas madres con niños. Una vez desnudas, entramos a “La Bania” de verdad. Había dos duchas normales, con grifo y un montón de poyetes con palanganas de plástico. En las paredes había grifos de agua caliente y fría. Tú coges tu palangana, la llenas en uno de los grifos y te vas a un poyete. Si tienes jabón te enjabonas, luego cambias el agua y te la echas por encima y si no tienes jabón, te echas el agua por encima un par de veces y ya está. Había muchas mujeres mayores y gordas allí. Algunas solas y otras con las amigas. El suelo, a fuerza de echarse la gente palanganas de agua por encima, estaba encharcado y yo no me caí de milagro, pero fui patinando hasta la sauna.

La sauna estaba a 120 grados sin carbón al que verter agua. Dentro vimos, entre las que estábamos allí, a una madre con su hija, que tendría como 6 meses. Rosana y yo alucinamos bastante hasta que llegó otra madre con un niño de 1 mes. Lo peor es que como yo no estoy acostumbrada a las saunas y casi no sudo, no duro ni cinco minutos ahí dentro… y ese niño duró más que yo. No sé si eso es bueno o malo. Yo creo que bueno no es, que se le tiene que chamuscar el cerebro… Eso sí, si lo hacen con todos los niños, explica muchas cosas que yo no entendía. La niña más mayor que entró en esa sauna tendría tres años.

Los niños y madres que había, junto con nosotras, hacían que la media de edad bajara a unos 50 años, y que la media de peso bajara a unos 80 kilos. Las abuelas rusas son de una belleza rubenesca. Orondas, orondas. Unas más que otras, está claro, pero como diría una tía mía: Las mujeres de esa bania son el resultado de mezclar las mujeres de Rubens, Botero y Goya en una batidora.

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Thursday, November 20, 2008

La receta de David

Esta es la receta de SOPA DE MANZANAS AL CURRY de David “El Belga”. Y añado el comentario que hizo en su blog antes de ponerla: “Un belga que vive en Japón le da a su amiga española que vive en Rusia una receta que aprendió de una colombiana para que pueda impresionar a su amiga coreana”. Ele.

Ingredientes para 3 o 4 personas:

  • 2 manzanas golden grandes

  • 2 cebollas

  • 100 gramos de mantequilla

  • 1 litro de caldo de pollo

  • 2 cucharaditas de curry

  • 1 cucharada de harina o maizena (opcional)

  • 1 tacita de nata de cocinar

  • El zumo de un limón y una pizca de pimienta (recién molida está mucho mejor) para aliñar.

Receta (¼ de hora largo)

  1. Cortar las cebollas en láminas finas y las manzanas en dados.

  2. Derretir la mantequilla en la olla a fuego lento

  3. Sin que se frían, rehogar las cebollas en la mantequilla fundida

  4. Cuando las cebollas estén blandas y antes de que se doren, añadir el caldo de pollo (o bien añadir agua tibia y un cubito avecrem)

  5. Añadir las manzanas y el curry (si se decide echar maizena, ahora es el momento) y llevar a ebullición durante 7 minutos.

  6. Quitar la olla del fuego, añadir pimienta y nata y pasarlo por la batidora

  7. ¡Listo! Servir con el zumo de limón (al gusto de cada uno).

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Wednesday, November 19, 2008

Izhevsk y la accesibilidad

Izhevsk es una ciudad moderna donde prima ante todo, la selección natural. Ya hemos hablado sobre los reflejos que hay que desarrollar para cruzar la calle. No se si he mencionado la perfección de los habitantes de esta ciudad. Y digo perfección porque son muy sanos y fuertes. No he visto, en dos meses, una sola persona en silla de ruedas o un ciego. Claro que teniendo en cuenta el estado de las calles y la accesibilidad de los transportes públicos, si los hubiera visto, habría sido un milagro. Para los ciegos, hay semáforos que suenan, como en toda ciudad del Siglo XXI, pero ya sabemos que semáforos hay pocos, así que donde no los hay, toca cruzar de la manita. De todas formas, es como si no los hubiera, así que mejor cruzar de la manita en cualquier caso.

También me he fijado (para evitar más de una caída y aún así la ha habido y bastante buena, por cierto) en el estado de las carreteras y aceras. Están, absolutamente todas, llenas de baches y agujeros. Eso por no hablar de que algunas calles no tienen baldosas con lo que, o es un barrizal cuando llueve o es un empedrado ondulante de hormigón. Para una persona que pueda usar su cuerpo a su antojo es un desafío, sobre todo ahora que se está acabando el otoño. Cuando llueve, no hay charcos, hay lagos que puedes esquivar metiéndote en el césped, que se ha convertido en un barro de arenas movedizas. Cuando nieva, sí se puede andar, de hecho algunos de estos baches se “alivian” un poco gracias a la nieve acumulada. El problema es que, después se hace hielo. Empiezo a hacer el doble axel sin inmutarme. La próxima compra son unos patines. Total, que si llegas a casa entero y sin manchas, es digno de una foto. Y si no, que en mi caso, es siempre,la señora de la limpieza tiene trabajo.

En lo que es el transporte público, tenemos: autobuses de la era soviética (o bien modernos autobuses de los años 70 coreanos), trolebuses de la era soviética (fijáos si será antigua la palabra trolebús que me la marca el word como desconocida) y tranvías de la era soviética. Todos ellos caracterizados por una entrada que he decidido bautizar de “templo azteca”. Las puertas se abren y te encuentras con tres escalones de unos 25 centímetros de altura cada uno y el espacio justo para poner la mitad del pie. Las abuelas se curan de la artritis con esto. Buenísimo pa todo. Una vez dentro, el pasillo es muy estrecho (una sillita de bebé no cabe o cabe a duras penas) y la gente va apiñada por sistema. Ya me voy acostumbrando pero los fines de semana sobre todo, un olor a vodka rancio y sudor inunda cualquiera de estos transportes.

Así pues, un parapléjico debe comprarse una silla 4×4 si quiere salir a pasear. Los tetrapléjicos no tienen nada que hacer. Yo supongo que estarán todos encerrados en sus casas porque es imposible que salgan. Puede que se hayan ido a otras ciudades más modernas o a otros países, a Europa, no sé. Lo que está claro es que ir a la universidad se parece cada vez más, a medida que avanza el invierno, a una película de Indiana Jones.

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Monday, November 3, 2008

Mi amiga está mala

Estamos de puente hasta el martes. Quedamos mi amiga vietnamita y yo en que el domingo me pasara por su casa de visitilla. Y me manda un mensaje misterioso diciendo que no podía ser, que para otro día. Al día siguiente, me llama, convaleciente y me dice que está mala. Yo la entiendo poco, porque por teléfono me cuesta un sudor entender lo que me dicen. Después de un rato, entiendo que está en el hospital, le digo que me diga en cuál, que voy a verla. Al principio no quiere, pero cuando le insisto en que sí que voy, me manda recados. ¿Ves cómo si querías?

Hoy he ido a ese hospital… Qué aventura. No quiso venir nadie conmigo porque tenían que irse de compras. Invierno obliga. Me dijo qué autobús coger, que me fuera a la estación de autobuses. Voy p’allá, que está lejísimos, al lado del mercadillo del que hablaré otro día cuando lo tenga controlado, y no era allí porque esa es la estación de autobuses interurbanos o interrepublicanos… no sé qué alcance tiene, la verdad. Total, que voy a buscar el autobús a otro lado y mientras, la llamo. Me dice que se equivocó y que coja el trolebús. La picatiques del trolebús (que aquí se llaman “konductior” y no sé cómo se llama la conductora… Siempre son mujeres, pero ya hablaré de eso otro día) muy maja, me explica que voy en el sentido equivocado pero que me quede, que ya da la vuelta. Tardé 15 minutos en entender eso, pero bueno. Sólo me cobro una vez, un detalle.

Llego al hospital. Tuve la precaución de mirar dónde está el hospital en el plano que tengo en la pared de mi cuarto y viene siendo donde Cristo perdió las sandalias. Está casi fuera de la ciudad y es un barrio entero lleno de edificios donde ingresan a la gente. Y es un barrio, no un complejo hospitalario porque cuando yo llegué ningún cartel indicaba que eso era un hospital. Podía ser un hospital o no, los edificios son iguales que mi residencia y que las casas de alrededor. Supe que lo era porque al lado de un edificio del año de la polca, había una ambulancia. Voy a la puerta, que como todas, parece la de un búnker, con código de seguridad y busco “Ginecología” que se dice igual y su código correspondiente. Llamo y no contesta nadie. Llega una ambulancia con gente dentro que pasa por esta puerta y paso detrás. Creo, no estoy segura porque no había ningún cartel ni nadie a quién preguntar, que eso era urgencias. Dentro de una hora, descubriré que había llegado al buen sitio pero la señora de la ambulancia me explicó mal. Me mandó a Oncología (que sí parece un hospital si lo ves de frente, pero la puerta principal no da a la calle principal, con lo que le ves el culo y parece igual de viejuno que el resto). Un abuelillo muy simpático vestido de militar (?) que estaba en la recepción pero que salió a fumar un momento, me vio muy perdida y me dijo que diera la vuelta a la puerta principal porque por dónde yo iba, los fines de semana (eehh…hoy es lunes) no se puede pasar. Me dice que busque el nombre de mi amiga en una lista. Después de media hora de búsqueda, de llamar a mi amiga y de comunicarme malamente con el abuelete (es que pronunciaba muy mal, creo que tenía dentadura postiza), vuelvo a llamar a mi amiga y le pasó directamente con el señor. El señor, que era un sol, dejó empantanada la sala de espera para acompañarme a una puerta trasera supersecreta (cerrada con un candado muy gordo y un cartel que decía “No es una salida” por dentro y “No es una entrada” por fuera [vyhod net y vhod net, respectivamente]). Me señala el edificio de enfrente que es el mismo al que yo había llegado una hora antes. Mira, es ahí, vas y preguntas y si no es en ese lado, es en el otro.

Una sala de espera pequeña, llena de gente de visita, la recepción y junto a ella, una señora que vende ropa de abrigo. Me pongo a subir escaleras porque me dijo mi vietnamita que era en el piso 4 (que no se dónde está el circulito de los números y los grados para poner “cuarto”). Un edificio, viejo, viejo… unas escaleras… un ambiente. Cómo me pase algo y me tengan que ingresar ahí, o me curo del tirón o me muero de camino. Normal que mi amiga me llamara deprimida. En fin, que llego al cuarto y está cerrado a cal y canto y encima pone “cirugía” (en un papel, a mano) y bajo otra vez. Ahora, que antes no, hay una babushka (abuela) a la que pregunto. Me dice que sí, que está ahí (después de mirar la lista de ingresos en un antiguo cuaderno que toda babushka que esté en una recepción tiene. Las de mi resi también) pero que no puedo ir a verla porque como es fin de semana se acabó el horario de visitas (pero ¡que es lunes!) y que ella tampoco puede venir a la sala de espera. Le digo que le traigo cosas que necesita. Se ofrece para dárselas ella misma. Llamo a mi amiga, se lo digo. La babushka dice algo. Me hago un lío, cuelgo. Creo que la babushka dice que si mi amiga puede andar, sí puedo ir a su pasillo. No entiendo nada, pero desistí hace tiempo a entender una serie de cosas en esta ciudad. Me llama mi amiga. Le paso con la babushka directamente y la sigo, dócil, donde sea que me vaya a llevar. Cuelga, llama a una puerta. De repente se abre y dentro hay una habitación con una mini mini camilla, una mesita, un teléfono y una señora. Es un ascensor muy viejo que sube a trompicones. Llegamos al sexto. Bajamos al quinto y por supuesto, mi amiga no está ahí y la mujer se molesta un poco. Vamos al cuarto y ¡¡¡por fiiiiiin!!! De entre las sombras del pasillo en el que debería rodarse una película de terror, sale mi vietnamita en pijama. La babushka me dice que luego tengo que bajar porque desde el cuarto piso no se puede salir porque han cerrado la puerta.

Como el horario de visitas se acabó, la gente que vino de visita y los enfermos convalecientes estamos en el vestíbulo. No hay asientos y hace un poco de frío. Hablo con mi amiga y le doy sus cosas. Me explica que la primera noche saltaron tres veces las alarmas de incendio porque alguien salió a fumar al pasillo. El edificio se cae a cachos pero las alarmas de incendio son hipersensibles. Desalojar eso debe ser para verlo. No he visto donde está ingresada pero me ha dado entender que cada uno se cocina sus cosas. Se acabó la comida de hospital, olé. Me ha dicho que las duchas no funcionan, pero no entendí porqué.

Me voy porque ya es de noche (a las 5 de la tarde). El edificio aumenta sus dimensiones para salir y se convierte en un laberinto. Por lo menos, mientras me pierdo, descubro que están pintando otras plantas. ¿Es, tal vez, una restauración o tan sólo un intento de darle color al asunto y que no de tanto miedo? Nunca lo sabremos. Tardé 20 minutos en salir a la calle. Y vuelta a casa en un autobús de los años 50.

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Thursday, October 30, 2008

Te me vendiste mu bueno…

La universidad rusa. Bueno, en otras entradas ya he explicado que no es precisamente moderna y que la división en facultades es diferente también. Ahora nos centraremos en cómo son las clases. Para empezar, diré que me engañaron. Me siento muy decepcionada, sobre todo con Katia, mi guía en esta ciudad, que es la que me lo explicó. Debe de ser que como ella es de segundo no ha descubierto que puede hacer lo que le dé la gana que es lo que, de todas formas, hace todo el mundo. Me prometió nieve a mediados de octubre y no ha llegado y me dijo que no se podía faltar a clase bajo ningún concepto, que tenías que llevar justificante del médico y tampoco es verdad. Me dijo que los profesores eran muy estrictos con eso y todavía no lo he visto. O los de su facultad-pasillo sí lo son, o los de traducción son muy bohemios o algo pasa. En mi clase, no sé cuántos somos… creo que no llegamos a 15, pero no lo sé porque nunca estamos todos y además se turnan para venir a unas clases y una semana no y otra tampoco, en fin… Tengo clase de Traducción, Estilística de la lengua española en la que también traducimos hacia el ruso, Teoría y práctica de la traducción en la que no sé muy bien que hacemos porque solo hemos tenido una clase y luego operaron a la mujer y todavía está de baja. Pero esa clase dio para mucho, lo comentaré después. Ah, y también tenemos clase con el lector que vive en nuestra residencia en la que también traducimos hacia el ruso. En general es un cachondeo. No la clase del lector, todas, puede que la suya sea de las más serias.


El gato que vive en la universidad y que se metió en nuestra clase a dormir

La profesora de traducción y estilística es la misma y es más maja que las pesetas. Habla francés muy bien y español también. Las clases son muy entretenidas y aprendemos mucho vocabulario. Pero hasta ahora hemos tenido sólo, como la mitad de las clases. Cuando no está mala, es el día del profesor y cuando no, es el cumpleaños de alguien. Sí, amigos. El cumpleaños de una compañera de clase supuso merendola. Todos, profesora incluida, comiendo tarta y hablando. Afortunadamente, para nosotros, hispanohablantes, fue productiva porque la mujer quería saber sinónimos de feo en español y gracias a esa tontería, le enseñamos sinónimos de feo, tonto, gordo y flaco y ella a nosotros en ruso. Los demás no sé de qué hablaban. En cualquier caso, todo fue muy natural (comentaron lo de llevar tarta la clase antes, que conste, o sea que debe ser habitual).

La de teoría y práctica de la traducción está en el hospital y ha venido su hijo de suplente. Tiene pinta de ruso típico, rubio, delgado, pequeño… pero tiene un acento andaluz que tira p’atrás. Como él no es el profesor habitual, da clase de gramática española, así que nos ha eximido de ir a clase. Además el primer día que estuvo de suplente, sólo fue una rusa a clase, con lo que fue bastante interesante para ella pero aburrido para nosotros que éramos tres españoles corrigiendo frases de ser y estar. Esto de que vengan entre una y cinco rusas a clase es lo habitual. Sólo hay dos varones, Samuel y Maxim, y Maxim viene poco. Habla español con acento venezolano y creo que no es lo único latino que se le ha pegado… De todas formas, la única clase que dimos con la profesora de verdad fue muy interesante. Habla un español muy claro y muy bien. Nos puso un vídeo sobre Lorca en ruso y luego teníamos que hablar sobre él. Decidió que puesto que Samuel y yo somos españoles, nos tocaba a nosotros. Nadie le explicó a esta mujer que ser español no tiene nada que ver con ser un experto en Lorca, es compatible pero no todos los españoles lo somos, y nos preguntaba cosas a un nivel de tipo “¿pero tú crees que Lorca pensaba tal cosa en tal texto (o incluso “quería”tal cosa)?”. De todas formas, el diálogo que mantuvimos fue todo él, digno de una transcripción aproximada a partir del momento en que comentamos que él era homosexual. El vídeo, no sólo no lo mencionaba sino que además daba por seguro un romance y futuro matrimonio con la hermana de Dalí.

Profe: No, bueno, yo esto nunca lo he comentado en clase, ¿no? pero vaya, sí, sí, … Esto en España se sabe. ¿Y creéis que lo mataron por eso?

Nosotros (nos fundiremos en un sólo ser durante el diálogo): Hombre, puede ser, pero también porque no estaba muy de acuerdo con el regimen. [...]

Profe: Aunque en el vídeo menciona que se iba a casar con Ana María Dalí, ¿Tal vez era posible que la quisiera de una forma, más… tierna?

Nosotros: A ver… si eran muy buenos amigos, más tierna, no creo, porque ya ser tan amigos, es quererse de una forma muy tierna, pero vaya, por la época igual sí se iban a casar, porque no es como ahora, pero que él era homosexual, eso no cabe duda.

Profe: Pero a lo mejor él la quería mucho y por eso, porque lo de que fuera homosexual, bueno, yo nunca lo he comentado, el vídeo tampoco lo dice y se supone que está apoyado por la Embajada española. Puede que la quisiera de una forma más tierna, más intensa en algún momento…

Nosotros: Puede que sí se fueran a casar porque en la época no era como ahora, pero no creo que la quisiera como más que una amiga porque era homosexual. Podría quererla muchísimo, pero vaya. Que nosotros en clase y eso siempre hemos analizado su obra teniendo presente su condición sexual, y los estudiosos y todo. A lo mejor, los del vídeo lo han analizado de otra forma, pero siempre nos han dicho por ejemplo que “Yerma” se supone que era él, que como era homosexual no podía tener hijos. Pero tampoco me acuerdo bien, que esto fue en el instituto.

Profe: ¿¿¿Pero os enseñan eso en la escuela??? (muy sorprendida)

Nosotros: En la escuela no, en el instituto sí, ya cuando haces análisis en literatura y eso… En la escuela no (para tranquilizarla un poco, que se asustó mucho).

Profe: Bueno, sí es verdad que en España se sabe, y ya está. Yo nunca lo había comentado antes, ¿no? Evitaba el tema y eso. Pero bueno, nosotros podemos quedarnos con la versión que más nos guste, es más bonito pensar que se iba a casar con ella.

Olé. Nosotros le dijimos que sí, que era más romántico pero no era verdad. Ella siguió en sus trece. Claro que sí. Para qué quitarte la ilusión a la mujer.

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Wednesday, October 22, 2008

Poderes y Comida.

La residencia otorga poderes a sus habitantes. O tal vez sea la ciudad. Hasta ahora, solo unos pocos afortunados han tenido La Revelación. Samuel, Ever y yo estamos entre esos afortunados.

Samuel puede abrir la puerta de la residencia a la primera. Yo casi necesito un máster. Él gira la llave y ya. Es cierto que es todo un ejercicio de coordinación porque hay que apretar un botón a la vez, pero ése es su poder. Cada uno lo suyo.
Ever tiene su propio cuarto. Intentaron ponerle un compañero pero él consiguió que el nuevo compartiera cuarto con otro.
Y yo, pago menos en el comedor universitario. Siempre que voy con Samuel, él paga más, independientemente de si cogemos lo mismo o no. De hecho, solo una vez yo pagué más. La diferencia fue de dos rublos y es porque yo cogí una sopa y Samuel no.

Y aprovecho esto para hablar del comedor. Es autoservicio, como todos los comedores universitarios que he visto. Hay varias opciones de comida, todas bastante parecidas. Hay 3 o 4 tipos de ensalada distintos, sopa, té, varios tipos de carne (pollo y kotleta que nos dijeron que era una albóndiga gigante pero es mas bien un filete ruso y algo más), a veces pescado y guarnición, que puede ser puré de patatas, repollo o kasha (como granos de trigo/maiz con leche… no me ha quedado muy claro que es pero no me gusta).

La comida rusa, en general, es muy pesada. Si no estás bien del estómago, es una bomba. Si eres vegetariano, pasarás hambre. La carne es base de más de la mitad de las comidas. Pescado he visto poco… hay uno que venden seco, que parece de plástico. Tendré que investigar cómo se prepara o para que sirve.

Cada país echa de menos su cocina. Los españoles y venezolanos echamos de menos legumbres y pescado. El otro día conseguí una bolsa de lentejas de 200 gramos a precio de oro, pero YA SON MIAS. Además, todos nosotros, o por lo menos, todos menos los coreanos (no han mencionado nada), echamos de menos hamburguesas, patatas fritas, perritos calientes y demás comida basura de vez en cuando y, cuando volvemos de marcha a las 4 de la mañana, un kebab.

Eso sí, y supongo que debo agradecerselo a los niños de la guerra, tenemos Cola Cao (cosa que creo que en el resto de Europa, no), sopa de sobre y en cubitos Gallina Blanca y galletas María. Vale. Estas últimas sólo coinciden en el nombre y en que son redondas, nada que ver en realidad, porque están adaptadas para té, pero hace ilusión leer MARIA en cirilico en la galleta mientras la mojas en el Cola Cao.

La cocina rusa tiene grandes aciertos, como las sopas que están muy buenas, las compotas, muchos tipos de fruta en almíbar y las kotleta si estas bien del estomago porque llenan mucho. Fallan en la Smetana que es una crema de leche agria. Según a qué se lo eches puede arreglar un plato, pero de verdad que yo no le pillo el punto. Y fallan también en las ausencias antes mencionadas.

Por cierto, y no sé, a lo mejor los alemanes y coreanos también hablan de eso (como no lo entiendo…), pero empiezo a creer que es verdad eso de que si no tienes de que hablar con un hispanohablante, puedes hablar de comida, porque no hay día en que, tanto los venezolanos como los españoles, no hagamos alguna mención a algún plato de nuestra gastronomía nacional.

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Thursday, October 9, 2008

Al cruzar la calle, me dijo el cochero…

Son las 6 de la mañana y no puedo dormir. Tengo la suerte de tener la residencia en pleno centro de la ciudad. Tengo tanta suerte que yo creo que está justo al lado de una de las arterias de la ciudad. Es más, está al lado de un semáforo, en ese punto crítico donde se pasa de primera a segunda. Y como los rusos conducen como conducen, creo que hasta que no llegan a 50 km/h, no pasan a segunda. Esto lo hace cualquier tipo de vehículo, desde una tartana soviética hasta un camión militar, pasando, claro está, por los autobuses ruinosos y los trolebuses. De todas formas, no sé porqué está el semáforo ahí. Es cierto que aquí, los semáforos solo son útiles en calles como ésta, con más de dos carriles para cada sentido de circulación pero aún así es un riesgo. Los rusos lo saben y por eso no ponen semáforos inútilmente. Vamos, que no ponen semáforos. Como bien dijo mi profesora de traducción el primer día que fuimos a clase: Si un peatón quiere sobrevivir en Rusia, lo mejor que puede hacer es no cruzar nunca la calle. Se han visto pasos de cebra con semáforo para peatones, es verdad, pero da igual que estén ahí. Que estés cruzando en verde para peatones y rojo para vehículos (algo lógico pero ignorado por todos) no quiere decir que ese 4×4 último modelo vaya a frenar si ve que hay gente cruzando. Demos gracias si desacelera. Cuando no hay semáforo para peatones, que es casi siempre, cruzar la calles es un juego de estrategia. Puedes mirar el semáforo que hay para los coches que van en la misma dirección que tú. O no. Si decides hacerlo, puede que, en el punto en que tú quieras cruzar, el semáforo quede detrás de ti, al otro lado de la calle. O mucho antes y al mismo lado y mirando ligeramente hacia la carretera. Decidas mirar al semáforo que decidas mirar; 1) siempre estará donde menos te lo esperas. Para ello, recomiendo llevar siempre un ruso de la ciudad contigo que son los que controlan cuál es tu semáforo y 2) No vas a ver fácilmente de qué color es el círculo iluminado. Da igual. Aunque pudieras, estás arriesgando tu vida. Esto sí es la lucha por la supervivencia y no lo de la gacela en los documentales de la 2. Cuando uno baja del coche, es un peatón y se arriesga a lo mismo que el resto. Cuando uno conduce un coche, es Dios todopoderoso, omnipotente y omnipresente, uno y trino, Ave María Purísima, y Dios nos pille confesados, amén.


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Monday, October 6, 2008

Adaptación al medio

Y van dos semanas. Ya hemos salido de fiesta por la ciudad, hemos conocido a rusos hispanófilos, estamos creando una pequeña familia con la gente de la residencia y hemos ido a nuestras primeras clases en ruso. Pero vamos poco a poco.

Hasta ahora he pisado dos discotecas. Una de música latina que pone las canciones del verano de hace 5 años, y otra de música electrónica y house que está muy chula (lo que es el sitio, la música… pues eso). Los rusos están siempre sentados, mirando como con ganas pero sin atreverse a más. Los hay que bailan, claro, pero les cuesta. Ellas bailan bien en general. Eso sí, las hay muy, digamos “sueltas”. Como ellos no se mueven mucho, ellas se mueven por ellos y algunas se lanzan al cuello de cualquiera que les haga el mínimo signo (o que a ellas les parezca bien). Se han visto cosas inquietantes. En cualquier caso, nosotros bailamos a nuestro rollo y nos lo pasamos bien. La otra discoteca me gustó mucho. Creemos que igual estaba hecha en uno de los pasadizos subterráneos que tienen los rusos con tiendas de todo un poco por debajo de las carreteras. Además parece una calle. tiene bancos en los laterales, empedrado, y farolas. Entre las farolas hay cuerdas de tender de las que cuelgan carteles con pinturas.

Los rusos son muy buena gente. Nuestros amigos son un encanto. Hablan un poco de español y siempre están haciendo bromas. Creo que son de ese tipo de personas que nacieron en el país equivocado. Cada dos por tres organizan alguna quedada para algo especial. Resulta que aquí, en la universidad, tienen un servicio como de guías para los estudiantes extranjeros con alumnos de la propia universidad. Como los que ahora son nuestros amigos empezaron siendo nuestros guías por la ciudad, nos han enseñado casi todo lo necesario, nos han llevado de cafés con sus amigos y nos corrigen el ruso macarrónico que hablamos. Y nuestros compañeros de residencia son estupendos. Mi compañera de habitación es un sol. Se llama Yn Dju, es coreana, lleva ya un año aquí y sólo habla ruso, así que me viene genial. Se apunta a un bombardeo, así luego pasa lo que pasa: todo el mundo la conoce. Es decir que ella es mi compañera de cuarto, y despertar el interés general. Hay una finlandesa, Kaysa, que nos encanta. No tiene nada que ver con los otros fineses que hay, que son estupendos pero más tranquilos. El fin de semana me lo he pasado conociendo mejor a mis compañeros. El viernes fui a una sauna con Yn Dju, Kaysa, May una vietnamita majíisima que lleva 7 años aquí y otras 2 coreanas. El sábado, a un parque muy grande que hay por aquí a hacer fotos del otoño que es precioso. Y el domingo fuimos al zoo que abrió hace dos semanas y que supongo que dentro de unos meses será la leche pero que ahora está un poco vacío.

Y las clases…. un horror. Empezamos con “Literatura para niños” pensando que como era para niños, la entenderíamos. “¡Que traigan a un niño de cuatro años!”. Ni flores, no entendimos nada, porque no es para niños sino “sobre” literatura infantil. Además, la clase era en un despacho y seríamos como 20 apiñados escuchando a la profesora. Luego fuimos a Teoría y Práctica de la Traducción en otro despacho. Mucho más desahogado, sólo eramos 5, pero claro, lingüística pura. El suicidio apareció como posibilidad a corto plazo. Fuimos a Curso Práctico de Lengua Rusa. Un poco mejor porque la profesora es joven. Era en el mismo despacho de antes pero en otra mesa y seríamos 6. Todas las chicas encantadas de tenernos allí, esforzándose para que las entendiéramos. La última clase fue una revelación, un regalo del cielo, una prueba de que Dios existe y es benévolo. Resulta que la directora de la “facultad” de filología nos dijo que podríamos hacer traducción pero que había que ir a otra “facultad” y preguntar allí y que no era muy probable que nos dejaran hacerlo (??). Bien, donde dice “facultad”, hay que leer pasillo. Entre estas dos facultades hay 20 metros, una a cada lado del pasillo, en la misma planta. Eso, ella no nos lo dijo. Tal y como lo explicó la mujer esta, era imposible y los de traducción no estarían dispuestos a ayudarnos. ¡Ja! No solo estaban dispuestos, sino que casi nos ponen una alfombra roja. La profesora (y creo que jefa del departamento) que habla español con acento entre ruso, francés y andaluz pero muy bien, estaba entusiasmada con tenernos en clase y nos abrió las puertas de ese pasillo de par en par. Las clases son un descanso mental porque son medio en ruso, medio en español.


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Friday, September 26, 2008

Los Reyes del Camuflaje

Antes de nada, perdón por el retraso. Dije que escribiría antes, supongo que estaríais ávidos de noticias y yo sin dar señales. No es mi culpa. Fui a un ciber ruso. Después de media hora escribiendo, el ordenador decidió que esa página era aburrida y se fue a otra. Cómo me gusta. Pero aquí estoy, llena de anécdotas y solo llevo tres días. Empecemos pues.

Día 1. Llegamos a Moscú sin problemas, el viaje se me hizo eterno pero bien. Tras recoger las maletas, fuimos a la búsqueda de una oficina de cambio y en todas las que había se pusieron de acuerdo para tomarse el café a la vez. Después fuimos a buscar la taquilla 91 que estaba en la misma fila que la 56, la 30, la 92…no sé porqué. Nos atendió una chica muy maja que supo cuál era mi billete nada más le dije mi nombre. Pues va a ser que tengo cara de forastera. Nos agradeció que habláramos ruso. Cuando tocó pagar me sentí rica. Más que cuando no me lee la tarjeta de la universidad en el Mercadona y tengo que sacar las otras. La moza dijo 6740 rublos y sacamos la pastaca, la contamos y pagamos, “cash”. Luego fuimos a facturar y ¡¡al avión!! Bueno, avionetilla. Era como de los comics de Mortadelo, con las ventanas que parecían ojos de buey de un submarino. Muy pequeña y estrecha. Los asientos se podían echar para adelante para no darte con las rodillas. Llegamos a un aeropuerto que parecía una estación de autobuses de una ciudad de provincias en medio de unos bosques. La recogida de equipaje se hizo “al rebusco”: todas las maletas en la puerta y buscas la tuya y luego un viejito comprueba que sí que es la tuya.

Nos vino a recoger una chica muy maja, pelirroja y muy flaca que se llama Irina con un hombre que parecía el malo de James Bond. Nos trajeron a la residencia en un coche blanco que en su momento tuvo que ser la leche, de alguien rico pero ahora está hecho una tartana. Estaba decorado con banderitas de Rusia y Udmurtia y un perrito indeciso. Las marchas entraban raro pero la radio-cd era última generación. Sonaba música tipo Camela pero en ruso. Parece ser que les gusta ese género.

Según nos acercamos a la ciudad fuimos volviendo atrás en el tiempo. Estaba todo viejuno y parecía caerse a pedazos. Los coches aquí o son último modelo o no. Se ve que en la perestroika dejaron de vender coches o algo así y son todos o de mucho antes o de después. Los autobuses y trolebuses (sí, trolebus el híbrido entre tranvía y autobús) son del año de la polka. Hay una línea que pasa por mi calle que tiene las puertas negras de suciedad por debajo y a punto de caerse. Da miedo.

La residencia está genial. La ves por fuera y se camufla perfectamente con el ambiente. Yo pensé “joe, si esta es la mejor, la peor cómo será”. Pero qué va, está todo muy nuevo. Al final comparto habitación con una coreana muy maja que se parece físicamente a una chica del erasmus de Francia, Claudia. Todavía no la conozco mucho porque no para por la residencia y yo tampoco.

Bueno, volviendo a Irina, nos dejaron en la residencia. Irina nos dio tiempo para soltar las maletas y nos llevó a la universidad a registrarnos. Es un edificio muy bonito, parece nuevo, pintado de azul turquesa. Pero por dentro es como un hospital abandonado de la Segunda Guerra Mundial. El suelo parece que no lo han limpiado desde que cayó el muro de Berlín. Menuda fauna hay ahí. Ellas me matan de glamour. Unas botas…Me las imagino ahorrando todo un mes (eso incluye dejar de comer porque están muy flacas en general) para comprarse unas botas de mosquetero de cuero con tacón de aguja de 10 cm que luego no pueden combinar con la ropa de los 90 que les pasó su prima, claro. Ellos van más normales pero los guapos son bajitos. Miran mucho y muy fijo. Ya me lo habían dicho y no me molesta. Lo que me molesta es que cuando les miras tú para ver si pudiera haber acercamiento cultural, les da la timidez y desvían la mirada como si hubieran hecho algo malo. Así no se puede, oye.

Una vez instalados, fuimos a comprar algo para desayunar, agua (aquí el agua del grifo no se puede beber) y papel higiénico. Luego yo me fui con los venezolanos (hay 12, 7 en esta resi) a dar una vuelta por la ciudad. Nos llevamos especialmente bien con dos de ellos, pero son todos muy majos. En la residencia hay 4 coreanos, 3 alemanes, 3 finlandeses, los venezolanos y nosotros dos. Casi todo chicas. Hablamos en ruso salvo cuando nos falta el vocabulario que nos pasamos al ingles. Rusgles. Por la noche, Samuel y yo nos fuimos a cenar a un bar-restaurante-discoteca que está aquí al lado con los profesores de nuestra facultad y muy bien, la verdad aunque la comida tardó una eternidad. Dicho local es como todo. decrépito por fuera pero chulísimo por dentro.

Día 2.

Me levanto, voy a desayunar, saco mi brik de leche. Es rosita. La leche es rosita. Asustada (la leche no es uperisada, así que tiene que estar en la nevera siempre; pensé que del super a casa igual se había estropeado) pregunto a mis compañeros. Resulta que es leche para niños. Sabe a batido de fresa. Es muy raro. Ni es leche ni es batido de fresa. De hecho, al principio es leche, pero con regusto a batido de fresa. Y es rosa. Es que me ha matado. Hoy cuando fui a comprar más cosas le pregunté a una señora qué leche normal y blanca compraba ella. No voy a arriesgarme con otros sabores.

Menos mal que no pude colgar esto ayer. Habría tenido que escribir la aventura del centro comercial otro día. El Media Markt de aquí se llama Eldorado (?). Cuando estábamos eligiendo el detergente, sonó en la radio rusa…, tatán, XUXA. La de Ilarilario o o o. Esa. En español por supuesto. Luego volvió todo al tecno pop. La mitad del centro comercial son dulces y un cuarto es alcohol. Tienen Gallina Blanca, Popitas y Cola Cao marca Cola Cao (en cirílico). Los rusos son muy majos. Tienen una serie de productos que te ayudan a saber qué comen los rusos. ¿Qué desayunarán los rusos? Pues Kasha “Desayuno Ruso”. ¿Cómo serán las patatas fritas de bolsa? Pues “Patatas Rusas”. Y ya está. A la hora de pagar, tienes que comprar bolsas. Hay que elegir, ¿bolsas grandes o pequeñas? No recomiendo las grandes a menos que midas más de 1′80, que entonces no te arrastrarán por el suelo. Nosotros no lo sabíamos, menudo número montamos para cargar con eso.

Y cambiando de tema, estoy contenta porque hoy conocimos a una camarera rusa muy maja y a unos chicos en el super de al lado de casa (“casa”). Me cuesta sudor y lágrimas entenderles pero tienen una paciencia infinita y si tienen que repetir 30 veces “¿cuándo llegaste?”, lo repiten. Aunque le voy pillando el tranquillo.

Posted by Inechka at 12:18:59 | Permalink | Comments (1) »