Dachas, rusos y alcohol
Antes de nada, perdón por el retraso. He estado muy perezosa con la primavera (me pilló un poco desprevenida). Han pasado cosas interesantes, en realidad: fui a Kazán, a Praga, empecé los exámenes a la manera rusa (¡sorpresa!)… Pero hasta este fin de semana no ha pasado nada que tenga necesidad absoluta de compartir con vosotr@s. Mi alumna de francés, que dice tener 35 años pero le echamos 40 bien llevados, me invitó a la dacha (casa de campo que tienen los rusos con sauna y demás para los fines de semana y vacaciones). Esto no parece gran cosa, pero vamos a dar detalles de la experiencia. Yo pregunté si podía venir un amigo conmigo… y menos mal.
Me invitó porque la dueña de la casa es una friki de España y el español que da miedo, una obsesión que la ha llevado a hacer un busto de yeso de metro y medio de altura de Simón Bolívar y una palmera con 1600 y pico botellas de vino español que tiene en el patio. Esta mujer, Tatiana, traduce poesía española y adora a Lorca (al que también a traducido). Habla español bastante mal, supongo que debido a la falta de práctica oral, pero tiene un vocabulario y un conocimiento de gramática enorme.
Recogimos a un amigo de mi alumna por el camino y pasada 1 hora de verdes prados y densos bosques, llegamos al río Kama, junto al que se encuentra la casa de esta gente. Allí nos recibió Tatiana que reconoció a Ever en seguida (dado su frikismo, conoce a todos los hispanohablantes nativos o no de Izhevsk y eso incluye a una profesora y amiga suya y a las venezolanas, las cuales, parece ser, le hablaron de él). Un rato después llegó otra amiga, Ira, que también lo reconoció y las dos, como abuelas, comentaron las virtudes de Ever, lo guapo y fuerte que es y demás. Hay que decir que eran las 4 de la tarde y estaban ya todos los de la casa un poco “contentos”. Nos fueron presentando a la gente y todas las mujeres alabaron a Ever hasta que uno de los hombres decidió alabar mi belleza también y entonces se relajaron un poco. Creo que todo lo que había eran matrimonios (aunque debido a acontecimientos posteriores no sé quién estaba casado con quién) a excepción de un gay de la quinta de todos ellos (40-50 años) que nos recibió con un tanga rojo sentado en el porche de la casa. Nos llevaron a la mesa y nos invitaron a comer mientras investigaban nuestra procedencia y nos conocíamos mejor. Pasado un rato, mi alumna pasaba un poco de nosotros y yo hice buenas migas con el gay, Seriosha (de Serguei, si es que el nombre lo dice todo :P). El resto, no me pareció tan interesante aunque también es verdad que en aquel momento, él era el que más sereno estaba.
Por la tarde noche, después de un pequeño paseo por el Kama con mi alumna y su hijo de 9 años que resultó ser una aventura por un campo de ortigas y otras malas hierbas (yo con falda y chanclas, ojo), nos quedamos en la casa vecina que se comunicaba con ésta, junto con algunos otros del grupo. Allí, Tatiana se dedicó a preguntarme cuestiones de gramática española complicada y a pedirme traducciones hacia el ruso de versos de poemas en español (que ella ya ha traducido) sin diccionario y sin anestesia porque parece ser que hablo tan bien ruso que puedo hacer eso. Estaba bastante cuajada ya y no me soltaba ni a sol ni a sombra. Afortunadamente, Seriosha vino ataviado con una boa de plumas rojas, un gorro de moro granate y un chaleco negro y rojo (y el tanga) y se puso a darme conversación. Él también estaba cuajado y hablaba con otro hombre mientras se tiraban los tejos sutilmente y comentaban su vida sexual. Este otro hombre, casado, por supuesto, sugería que Seriosha debería irse a Tailandia a trabajar como prostituta. Ever, mi amigo, me explicó después que le contó que, por error (¬¬), se lió con un transexual en Tailandia. Me incluyeron en la conversación sin problemas y por lo menos, nos reímos un rato. Allí, Seriosha descubrió que yo me parecía mucho a su primo, también gay, y me empezó a querer mucho y a lamentar que nos hubiéramos conocido tan tarde.
Los dueños de esta casa, que no sé quiénes eran, estaban preparando la Bania. La bania es una sauna dónde se pueden alcanzar hasta los 180 grados y tiene todo un ritual asociado: te metes y sudas como un pollo, pasado un rato, alguien te pega con unas ramas con hojas secas para mejorar la circulación y van echando agua al carbón poco a poco para que haga más calor. Cuando no puedes más, te vas corriendo y te tiras a una piscinita de agua frííía y vuelves a la sauna. Así hasta que te canses, lo recomendable son 3 veces, pero yo no lo aguanto. Una vez estuvo la Bania preparada, no fuimos todos a la vez porque no hay espacio, pero todos pasaron por allí, menos mi alumna. No sé porqué pero ella estaba súper calmada con la locura que había por allí y no andaba muy pendiente de nadie…
Tras unas sesiones de bania, ya de noche, metimos la mesa al porche de la sauna y pusimos música y bailamos un rato. Todo iba bien hasta que, en medio de su pedo, todos bailaban con todos demasiado cerca y todos se metían mano y se besaban, fueran o no sus respectivas parejas… ahí fue donde yo me perdí. El colmo fue cuando la mujer cuyo cumpleaños se estaba celebrando (51 años) y otra rubia de su quinta, empezaron a besarse a petición del marido de la del cumpleaños. Todo esto no me parecía del todo mal; si eso les ayuda en sus matrimonios, reaviva su pasión y se lo pasan bien, todos contentos, aunque no esperaba yo que mi primer contacto con una orgía fuera a ser con gente de la edad de mi padre. El problema llegó cuando la rubia decidió tirarme los tejos a mi. En ese momento, ya me habían intentado meter mano la mitad de los hombres (con más o menos éxito, a veces me faltan reflejos) y me estaba empezando a incomodar la situación. Con lo que el colmo de la historia para mi era que una de las mujeres (y posteriormente, la otra) también lo hiciera. Después de que me dijera, “me gustas” con los ojos brillantitos decidí que era la hora de irme a dormir.
Fui para la casa y busqué camas. Estaban todas en la tercera planta, la buhardilla y tras subir las escaleras, te recibían dos grandes murales en el techo con representaciones de hombres y mujeres medio desnudos en posiciones insinuantes… reconocí a algunos de los invitados en las pinturas. Elegí una cama de las 10 o 12 que había e intenté dormir. Poco a poco fueron llegando todos y asistí a un concierto de ronquidos y ronroneos de gato (una gata con sus gatitos decidió acampar cerca de mi cama).
Al día siguiente, todos resacosos y contentos, comentaban el pedo del día anterior. Cabe destacar, que yo me levanté a las 10 de la mañana y lo primero que me ofrecieron para desayunar fue cerveza y como opción alternativa, vodka. La mañana prosiguió con tranquilidad, hablamos un rato con los anfitriones y pasado un rato, cada uno por su lado hasta la hora de partir.