Misa ortodoxa. Amén.
El sábado pasado, fui a una iglesia ortodoxa con mi alumna de francés. Tiene 35 años, un todoterreno, dinero y es muy maja. Hace tiempo me comentó que había un iglesia en un pueblo por ahí que tiene una misa un poco particular así que fuimos el sábado. Fuimos ella, una amiga suya, una colega finlandesa que habla español y yo. Nos levantamos a las 7 de la mañana porque el pueblo está como a 70 km. Los paisajes hasta que llegamos allí son impresionantes, toooodo cubierto de nieve, hasta el infinito. Como La Mancha, pero nevado y con abetos de fondo. Increíble. El pueblo en sí, como todos los que vimos hasta que llegamos allí, no tenía nada de especial. Sólo casitas tradicionales (que son bastante bonitas). A fuerza de verlas me he dado cuenta de que los rusos tienen las casas al revés. En España, la puerta principal da a la calle; en Rusia, lo que da a la calle es el culo de la casa. Para entrar, tienes que rodear la casa. Y no sólo pasa con casas de pueblo, todos los bloques de pisos están así construidos.
Pero ese no es el tema. Llegamos a la iglesia. Una iglesia pequeñita, pequeñita. Lo extraordinario es que la misa es cantada y que la mitad la ofician las monjas del convento del pueblo. Las monjas ortodoxas visten de riguroso negro de pies a cabeza, sólo se les ve la cara. Y cuando digo solo la cara, es únicamente la cara, ni siquiera los brazos se ven. Hay distintos tipos de hábitos, pero no sé qué diferencia de rango tiene la monja según el hábito. Había una abuela muy mayor que se quedó dormida en la misa, que además llevaba como un delantal y un pañuelo en la cabeza con inscripciones en eslavo antiguo. Supongo que será la Madre Superiora.
El cura que “oficiaba” la misa parecía Gandalf el Blanco, estaba detrás de una pared con celosía y hablaba entre canción y canción. No tiene ningún mérito dar la misa así, que conste. En una misa ortodoxa normal, el cura oficia de espaldas a su público y la gente está de pie todo el rato porque no hay bancos. En esta misa, el cura oficiaba de espaldas, con el muro, la celosía y una túnica que le cubría por completo. Mira no, yo no estoy de pie 3 horas para que a este señor que ya lleva años oficiando se esconda. La vergüenza hay que quitársela, señores ortodoxos. Y además de todo, casi no hablaba, que había tres monjitas escondidas detrás de un icono cantando todo el rato. Hubo un momento que el hombre se fue y siguió hablando-cantando una monja. Poco serio ese señor… hm.
Pero lo más impactante fue ver a las abuelitas durante la misa. Más que una misa, parecía una clase de aerobic. Yo no sé a qué orden se hacía la genuflexión, porque la misa es en eslavo antiguo y no entiendo ni papa, pero cada dos por tres estas señoras de más de 70 años, se agachaban a tocar el suelo con los dedos. Pasado un rato, llegaron a arrodillarse completamente y tocar el suelo con la frente. De pie, de rodillas, de pie, de rodillas, … así toda la misa.
Cuando el cura se fue a no sé dónde, todo el mundo se fue a comprar cirios y a ponérselos a su icono favorito. A nosotras nos dieron uno pero no nos explicaron nada, así que lo encendimos y nos dimos una vuelta por la iglesia con cara de circunstancia para curiosear. No era muy grande pero, según me explicó mi alumna, tenía un icono de madera muy peculiar: Un Cristo crucificado, la virgen y supongo que María Magdalena. Es cierto, ahí estaba. Esto es una particularidad de esta iglesia porque en las iglesias ortodoxas solo están permitidos los iconos, los dibujos y pinturas, pero no las esculturas. Esta talla en madera además, se salvó del comunismo. Y por lo que parece el rito también, porque las abuelas que estaban allí, parecen llevar toda la vida haciendo eso.