Tuesday, February 17, 2009

Laberintos soviéticos

Qué gusto tenían los antiguos soviéticos por las cosas complicadas. Cualquier edificio que tenga entre 30 y 50 años es un laberinto. Cualquiera. Un hospital, un centro comercial, un cine, la universidad, un centro deportivo…

Cuando fui a ver a mi amiga al hospital descubrí que si tienes prisa o poco tiempo para una visita, nunca llegarás a ver a tu pariente enfermo. La primera vez que fui al centro comercial Univermag, que está en la Plaza Central junto a un hotel Park Inn (el más caro de Izhevsk), tardamos media hora en encontrar la tienda que queríamos. Me explicaron que ése era el centro comercial por excelencia en los tiempos del socialismo. A lo mejor eso explica porque está tan mal construido (centro comercial=consumismo y eso). Aunque su utilidad fuera otra, seguiría siendo desesperante entrar ahí. Creo que tiene tres plantas (que conste que ya he ido varias veces, me compré allí mis patines, pinzas del pelo y una camisa), pero no estoy segura. Lo que si es cierto es que NO es un centro comercial. Son dos. Comunicados por un pasillo en alguna de las plantas, creo que la segunda. Estoy segura de que ese pasillo es como las escaleras del colegio de Harry Potter: se cambia de sitio. A veces lo encuentro y a veces no. Tiene varias entradas, unas te llevan a Univermag y otras a León. Unas te ofrecen unas tiendas y otras te ofrecen otras. Y lo que más me gusta es… ¡que tiene plantas intermedias! Sí, señor. Existe el piso 1′5 en el que hay tiendas de ropa. Además esta organizado en plan concéntrico y nunca recuerdo dónde estaban las escaleras. Algunas están en el medio y otras a los lados.

Un poco más abajo, en la misma Plaza Central, hay un cine. Está bastante bien, los asientos son muy cómodos, se reclinan un poco cuando te sientas (mejor que el Kinépolis, oye). Hay un restaurante, una cafetería y varias salas. El baño está abajo y arriba están las salas. Hay una sala para niños y una VIP, que es a la única a la que he ido hasta ahora. Según a la hora que vayas, pagas un precio u otro y vas a una sala u otra. Creo que eso es completamente arbitrario. La que siempre me toca está en la planta de arriba. La primera vez que fui me encontré con el restaurante a la izquierda y enfrente una puerta cerrada. Había que atravesar el restaurante de punta a punta para llegar al pasillo que conducía a la sala.

Y hace un par de días fui a apuntarme a una piscina. Normalmente, para ir a la piscina, tienes que hacerte un certificado médico un poco complicado, pero allí lo puedes comprar. A mi al final me salió gratis. Está en un lugar llamado Aksion que no sé muy bien que es. Hay tres edificios, uno junto al otro y los tres se llaman Aksion. Uno de ellos es un centro comercial laberíntico, el otro tiene unos torniquetes por los que hay que pasar (pagando) para llegar a alguna parte. Algún día investigaré eso. El tercero es un centro médico. Tiene un anexo pequeñito en el que está la piscina. Como todos los lugares públicos aquí, tiene un guardarropa a la entrada. Pagas a la derecha y subes unas escaleras a la izquierda. Allí está la sala del médico y una cafetería. Una señora que está junto a la cafetería te pide el certificado médico y te da a cambio una llave (la de la cabina en el vestuario) y pasas a la piscina. Eso está bajando unas escaleras que hay tras una puerta. Pasas a un pasillo en el que está el acceso a los vestuarios y luego todo lo demás es normal. Pero, antes de pasar a ninguna parte, tienes que quitarte el abrigo a la puerta y los zapatos y recorrerte todo el edificio en chanclas.

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Monday, February 9, 2009

El horario de clases

Las clases han vuelto a comenzar después de un largo periodo de descanso. Bueno, en realidad no.

A mediados de enero, fui a preguntar dónde estaba nuestro horario de clases, porque aquí, a diferencia de en Europa (por lo que sé, toda Europa), el horario, que es un lío que nunca entenderé, se improvisa sobre la marcha. Me dijeron que las clases empezaban a principios de febrero, el 10. La semana pasada supe cuál era mi horario para este cuatrimestre pero hoy, “primer día de clase”, sé que no sirve hasta marzo (y veremos a ver, ya no me fío nada). Fuimos a la universidad y no había nadie, la puerta del aula cerrada a cal y canto (por cierto, si un aula está cerrada cuando deberías tener clase, los alumnos tienenque ir a por la llave y sentarse a esperar aunque luego el profesor no venga. No sé dónde se coge la llave). Una chica pequeñita nos preguntó que buscábamos. Luego, descubrimos que ella era nuestra profesora, a pesar de que cuando le respondimos no nos dijo nada. De todas formas nos ha dicho que eso es clase de español, que nosotros no tenemos que ir. Total, que resulta que mañana tenemos una reunión en la que nos hablarán sobre un proyecto que tenemos que hacer durante todo el mes, hasta marzo, momento del inicio de las clases.

De verdad que aquí la universidad es un jaleo… yo no entenderé nunca cómo funciona. Samuel se fue en diciembre, antes de los exámenes y me dejó encargada de darle los deberes. Nadie sabía cuando eran los exámenes, si en enero o en diciembre. Cuando Samuel volvió de España estuvo una semana buscando a los profesores para saber cuando tenía los exámenes. No los encontró y nadie sabía nada. Pasada una semana, la jefa del departamento de ruso, le echó la bronca porque todavía no los había hecho. “Nadie” quiere decir, absolutamente nadie: profesores, relaciones internacionales, facultades, departamentos… La semana siguiente a la marcha de Samuel, en las clases de gramática de la residencia (sí, nos dan clase en la residencia) nos dijeron que a la siguiente semana, teníamos los exámenes. Y lo que es mejor. Un día llegué tarde a una clase. Según abro la puerta me encuentro con todo el mundo allí y unas tartas encima de la mesa y té y pastas. “¿Qué pasa?”, pregunto yo, inocente de la vida. “Pues nada”, contesta mi profesora Belova, “ahora tenemos el cumpleaños de estas chicas y luego hacemos el examen, ¿te parece?”. Aturdida, asustada, pregunto si todos tenían noticia de ese examen menos yo o si nadie sabía nada. Efectivamente, nadie sabía nada. Ante la cara que debí poner, la profesora preguntó si acaso nos venía mejor la semana siguiente. No, no era mejor. La mitad ya había planeado sus vacaciones o tenía otros exámenes.
El examen era de traducción español-ruso pero afortunadamente la profesora me dio un texto ruso para traducir al español. Qué detalle. Desafortunadamente, en el departamento solo tenían diccionarios español-ruso. Pero, afortunadamente, me senté al lado de Dasha que sabe bastante y tiene un móvil con internet para mirar el diccionario online. Y la profesora se fue a lo que sea al departamento y no volvió. Por lo visto, tampoco era un examen importante, algo más como un control pero bueno.

Y la vida sigue con un suspense constante en los pasillos de la facultad.

Posted by Inechka at 12:21:08 | Permalink | Comments (1) »