Thursday, December 25, 2008

Descubriendo el frío

Mientras que el otoño ruso es deprimente, sucio, gris… (Y esta ciudad no le ayuda nada), el invierno es genial. Ahora entiendo porque mis rusos estaban tan pesados con la llegada del invierno. Es precioso, es todo blanco, el sol brilla a través de las nubes y está todo muy bonito. Sólo hay dos pegas: el frío que te la pela y que a las 4 ya es de noche. Porque con este frío (ya he estado a - 20) no se puede salir a pasear en condiciones para disfrutar del paisaje: más de media hora a - 20 no se puede estar de paseo por mucho que corras. Y como a las 4 ya es de noche, pues bueno, sigue siendo bonito pero hace todavía más frío. Me da mucha rabia porque yo quiero ir a pasear al lago que está congelado, que me han dicho que la gente va a pescar allí y pienso, “bueno, pues voy después de clase”… pero es que después de clase, ¡ya es de noche! y no puedo. :(

Los niños salen a montar en bici. Esta es la plaza de la Llama Eterna, en homenaje a los fallecidos en la Gran Guerra Patria (II Guerra Mundial)

O me quedo sin comida, y pienso, “bueno, pues voy ahora después de comer” y me da una pereza… Al principio me daba agobio. Me levantaba yo un sábado tranquilamente a la una de la tarde, me daba mi duchita, me preparaba mi pasta y ¡joe! ¿ya es tan tarde que se está haciendo de noche? ¡ay, que me cierran el super! y luego, ah no… que son las tres y media. Y entonces te da pereza. Lo que pasa que antes, cuando todavía estábamos a 7 graditos pues me resultaba más fácil, pero ahora es todo un trabajo de mentalización. Empiezo después de comer: “Venga, Inés, tú puedes, va. Que sino mañana no cenas… venga.” Y me preparo como para ir al Everest con 8 capas y la mochila. Que he descubierto que no me hace falta un abrigo especial, con dos camisetas, una sudadera, el jersey y el abrigo, no paso frío ninguno. Y las mallas térmicas y como una reina. Me despido de la gente y al super. Que el super en sí es un mundo aparte del que hablaré un día, pero bueno.

Total, que el invierno ruso mola. Y además nieva de vez en cuando y luego, ¡la nieve se queda! Que diréis, pues claro que se queda. Pues mira, eso en España no pasa, así que yo me emociono toda. Me gusta mucho mirar a la nieve cuando cae, sobre todo contra la dirección del viento de noche, porque es como el salvapantallas de estrellas de Windows, pero además, los copos te dan en la cara. Además, empiezo a diferenciar tipos de nieve:

La nieve normal: Es la que conocemos en España. La que cae siempre que nieva. A veces se tira un día entero nevando y luego quedan 20 centímetros de nieve y está muy bien porque se pueden hacer muñecos y peleas de bolas.

La nieve asesina: Es una nieve abundante, de copos pequeños y compactos que cae a gran velocidad y se te mete en los ojos con mala leche. De ahí el nombre. Como se te meta un copo mientras estás cruzando la calle, estás muerto. Y con esta también se puede jugar.

Mi nieve favorita: desde que la vi la primera vez, supe que la quería. Son unos copos grandes, blanditos, que a veces se apelotonan juntos y cae despacio aunque haga viento. Si no hay viento, cae como las hojas de los árboles. Brilla y cuando se deposita en cualquier superficie, sigue brillando. Como los copos son tan grandes, puedes ver los dibujos que tiene a simple vista. El mayor inconveniente es que no se puede jugar con ella. Pero si la coges con la mano, algunos copitos siempre se quedan pegados y luego te brillan los guantes. :)

Nieve congelada en mi ventana. Más o menos así de bien se ven los copos de mi nieve favorita.

El otro día, me fui a dar un paseito y a hacer fotos de lo bonito que es todo. He descubierto que a estas temperaturas me cuesta respirar sin filtro, así que voy tapada con la bufanda por encima de la nariz. Porque esa es otra, yo aquí veo mucha gente que sale sin taparse la nariz y tan tranquilos, debe ser que mi nariz es demasiado grande para este país pero es que después de un minuto, no la siento y tampoco puedo respirar y si quiero respirar por la boca, mucho peor así que tapada en plan mora, y ya está. Lo que pasa, es que se me empañan las gafas con el vaho. Y pensaréis que con este frío eso no es un problema porque se desempaña enseguida. Craso error. Eso lo pensaba yo, y esperé a que el vaho se fuera mirando por encima de las gafas. Y esperé, y esperé… Y pasaron diez minutos y me quito las gafas a ver que pasa y es que, ¡se me ha congelado el vaho! ¡Tengo escarcha en los cristales de las gafas!

Tras este nuevo descubrimiento del frío, llevo las gafas en la funda, la funda en el bolso y el bolso colgando y ya está. Cuando entro a un sitio, me tiro 5 minutos limpiando las gafas, porque esas medidas de precaución no impiden que se empañen en un local, y sin ningún problema. Claro, que esto de ir sin gafas, tiene la ventaja de que me va quitando las ojeras que me provoca dormir de mala manera en la cama de la residencia, y el frío este me estira la piel y me la tersa que da gusto.

Posted by Inechka at 07:55:24
Comments

2 Responses to “Descubriendo el frío”

  1. Anonymous says:

    He visto los videos y algunos estan muy bien, pero en otros deberiais ser un poco mas explikativos, en plan madrileños por el mundo o algo asi, por lo demas envidia me das, un beso. lukas

  2. Anonymous says:

    Abrigate bien hija mía,q te pones tersa aunque estes bien forrada, y disfruta de la nieve en la medida e lo posible.besines

Leave a Reply