Thursday, October 30, 2008

Te me vendiste mu bueno…

La universidad rusa. Bueno, en otras entradas ya he explicado que no es precisamente moderna y que la división en facultades es diferente también. Ahora nos centraremos en cómo son las clases. Para empezar, diré que me engañaron. Me siento muy decepcionada, sobre todo con Katia, mi guía en esta ciudad, que es la que me lo explicó. Debe de ser que como ella es de segundo no ha descubierto que puede hacer lo que le dé la gana que es lo que, de todas formas, hace todo el mundo. Me prometió nieve a mediados de octubre y no ha llegado y me dijo que no se podía faltar a clase bajo ningún concepto, que tenías que llevar justificante del médico y tampoco es verdad. Me dijo que los profesores eran muy estrictos con eso y todavía no lo he visto. O los de su facultad-pasillo sí lo son, o los de traducción son muy bohemios o algo pasa. En mi clase, no sé cuántos somos… creo que no llegamos a 15, pero no lo sé porque nunca estamos todos y además se turnan para venir a unas clases y una semana no y otra tampoco, en fin… Tengo clase de Traducción, Estilística de la lengua española en la que también traducimos hacia el ruso, Teoría y práctica de la traducción en la que no sé muy bien que hacemos porque solo hemos tenido una clase y luego operaron a la mujer y todavía está de baja. Pero esa clase dio para mucho, lo comentaré después. Ah, y también tenemos clase con el lector que vive en nuestra residencia en la que también traducimos hacia el ruso. En general es un cachondeo. No la clase del lector, todas, puede que la suya sea de las más serias.


El gato que vive en la universidad y que se metió en nuestra clase a dormir

La profesora de traducción y estilística es la misma y es más maja que las pesetas. Habla francés muy bien y español también. Las clases son muy entretenidas y aprendemos mucho vocabulario. Pero hasta ahora hemos tenido sólo, como la mitad de las clases. Cuando no está mala, es el día del profesor y cuando no, es el cumpleaños de alguien. Sí, amigos. El cumpleaños de una compañera de clase supuso merendola. Todos, profesora incluida, comiendo tarta y hablando. Afortunadamente, para nosotros, hispanohablantes, fue productiva porque la mujer quería saber sinónimos de feo en español y gracias a esa tontería, le enseñamos sinónimos de feo, tonto, gordo y flaco y ella a nosotros en ruso. Los demás no sé de qué hablaban. En cualquier caso, todo fue muy natural (comentaron lo de llevar tarta la clase antes, que conste, o sea que debe ser habitual).

La de teoría y práctica de la traducción está en el hospital y ha venido su hijo de suplente. Tiene pinta de ruso típico, rubio, delgado, pequeño… pero tiene un acento andaluz que tira p’atrás. Como él no es el profesor habitual, da clase de gramática española, así que nos ha eximido de ir a clase. Además el primer día que estuvo de suplente, sólo fue una rusa a clase, con lo que fue bastante interesante para ella pero aburrido para nosotros que éramos tres españoles corrigiendo frases de ser y estar. Esto de que vengan entre una y cinco rusas a clase es lo habitual. Sólo hay dos varones, Samuel y Maxim, y Maxim viene poco. Habla español con acento venezolano y creo que no es lo único latino que se le ha pegado… De todas formas, la única clase que dimos con la profesora de verdad fue muy interesante. Habla un español muy claro y muy bien. Nos puso un vídeo sobre Lorca en ruso y luego teníamos que hablar sobre él. Decidió que puesto que Samuel y yo somos españoles, nos tocaba a nosotros. Nadie le explicó a esta mujer que ser español no tiene nada que ver con ser un experto en Lorca, es compatible pero no todos los españoles lo somos, y nos preguntaba cosas a un nivel de tipo “¿pero tú crees que Lorca pensaba tal cosa en tal texto (o incluso “quería”tal cosa)?”. De todas formas, el diálogo que mantuvimos fue todo él, digno de una transcripción aproximada a partir del momento en que comentamos que él era homosexual. El vídeo, no sólo no lo mencionaba sino que además daba por seguro un romance y futuro matrimonio con la hermana de Dalí.

Profe: No, bueno, yo esto nunca lo he comentado en clase, ¿no? pero vaya, sí, sí, … Esto en España se sabe. ¿Y creéis que lo mataron por eso?

Nosotros (nos fundiremos en un sólo ser durante el diálogo): Hombre, puede ser, pero también porque no estaba muy de acuerdo con el regimen. [...]

Profe: Aunque en el vídeo menciona que se iba a casar con Ana María Dalí, ¿Tal vez era posible que la quisiera de una forma, más… tierna?

Nosotros: A ver… si eran muy buenos amigos, más tierna, no creo, porque ya ser tan amigos, es quererse de una forma muy tierna, pero vaya, por la época igual sí se iban a casar, porque no es como ahora, pero que él era homosexual, eso no cabe duda.

Profe: Pero a lo mejor él la quería mucho y por eso, porque lo de que fuera homosexual, bueno, yo nunca lo he comentado, el vídeo tampoco lo dice y se supone que está apoyado por la Embajada española. Puede que la quisiera de una forma más tierna, más intensa en algún momento…

Nosotros: Puede que sí se fueran a casar porque en la época no era como ahora, pero no creo que la quisiera como más que una amiga porque era homosexual. Podría quererla muchísimo, pero vaya. Que nosotros en clase y eso siempre hemos analizado su obra teniendo presente su condición sexual, y los estudiosos y todo. A lo mejor, los del vídeo lo han analizado de otra forma, pero siempre nos han dicho por ejemplo que “Yerma” se supone que era él, que como era homosexual no podía tener hijos. Pero tampoco me acuerdo bien, que esto fue en el instituto.

Profe: ¿¿¿Pero os enseñan eso en la escuela??? (muy sorprendida)

Nosotros: En la escuela no, en el instituto sí, ya cuando haces análisis en literatura y eso… En la escuela no (para tranquilizarla un poco, que se asustó mucho).

Profe: Bueno, sí es verdad que en España se sabe, y ya está. Yo nunca lo había comentado antes, ¿no? Evitaba el tema y eso. Pero bueno, nosotros podemos quedarnos con la versión que más nos guste, es más bonito pensar que se iba a casar con ella.

Olé. Nosotros le dijimos que sí, que era más romántico pero no era verdad. Ella siguió en sus trece. Claro que sí. Para qué quitarte la ilusión a la mujer.

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Wednesday, October 22, 2008

Poderes y Comida.

La residencia otorga poderes a sus habitantes. O tal vez sea la ciudad. Hasta ahora, solo unos pocos afortunados han tenido La Revelación. Samuel, Ever y yo estamos entre esos afortunados.

Samuel puede abrir la puerta de la residencia a la primera. Yo casi necesito un máster. Él gira la llave y ya. Es cierto que es todo un ejercicio de coordinación porque hay que apretar un botón a la vez, pero ése es su poder. Cada uno lo suyo.
Ever tiene su propio cuarto. Intentaron ponerle un compañero pero él consiguió que el nuevo compartiera cuarto con otro.
Y yo, pago menos en el comedor universitario. Siempre que voy con Samuel, él paga más, independientemente de si cogemos lo mismo o no. De hecho, solo una vez yo pagué más. La diferencia fue de dos rublos y es porque yo cogí una sopa y Samuel no.

Y aprovecho esto para hablar del comedor. Es autoservicio, como todos los comedores universitarios que he visto. Hay varias opciones de comida, todas bastante parecidas. Hay 3 o 4 tipos de ensalada distintos, sopa, té, varios tipos de carne (pollo y kotleta que nos dijeron que era una albóndiga gigante pero es mas bien un filete ruso y algo más), a veces pescado y guarnición, que puede ser puré de patatas, repollo o kasha (como granos de trigo/maiz con leche… no me ha quedado muy claro que es pero no me gusta).

La comida rusa, en general, es muy pesada. Si no estás bien del estómago, es una bomba. Si eres vegetariano, pasarás hambre. La carne es base de más de la mitad de las comidas. Pescado he visto poco… hay uno que venden seco, que parece de plástico. Tendré que investigar cómo se prepara o para que sirve.

Cada país echa de menos su cocina. Los españoles y venezolanos echamos de menos legumbres y pescado. El otro día conseguí una bolsa de lentejas de 200 gramos a precio de oro, pero YA SON MIAS. Además, todos nosotros, o por lo menos, todos menos los coreanos (no han mencionado nada), echamos de menos hamburguesas, patatas fritas, perritos calientes y demás comida basura de vez en cuando y, cuando volvemos de marcha a las 4 de la mañana, un kebab.

Eso sí, y supongo que debo agradecerselo a los niños de la guerra, tenemos Cola Cao (cosa que creo que en el resto de Europa, no), sopa de sobre y en cubitos Gallina Blanca y galletas María. Vale. Estas últimas sólo coinciden en el nombre y en que son redondas, nada que ver en realidad, porque están adaptadas para té, pero hace ilusión leer MARIA en cirilico en la galleta mientras la mojas en el Cola Cao.

La cocina rusa tiene grandes aciertos, como las sopas que están muy buenas, las compotas, muchos tipos de fruta en almíbar y las kotleta si estas bien del estomago porque llenan mucho. Fallan en la Smetana que es una crema de leche agria. Según a qué se lo eches puede arreglar un plato, pero de verdad que yo no le pillo el punto. Y fallan también en las ausencias antes mencionadas.

Por cierto, y no sé, a lo mejor los alemanes y coreanos también hablan de eso (como no lo entiendo…), pero empiezo a creer que es verdad eso de que si no tienes de que hablar con un hispanohablante, puedes hablar de comida, porque no hay día en que, tanto los venezolanos como los españoles, no hagamos alguna mención a algún plato de nuestra gastronomía nacional.

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Thursday, October 9, 2008

Al cruzar la calle, me dijo el cochero…

Son las 6 de la mañana y no puedo dormir. Tengo la suerte de tener la residencia en pleno centro de la ciudad. Tengo tanta suerte que yo creo que está justo al lado de una de las arterias de la ciudad. Es más, está al lado de un semáforo, en ese punto crítico donde se pasa de primera a segunda. Y como los rusos conducen como conducen, creo que hasta que no llegan a 50 km/h, no pasan a segunda. Esto lo hace cualquier tipo de vehículo, desde una tartana soviética hasta un camión militar, pasando, claro está, por los autobuses ruinosos y los trolebuses. De todas formas, no sé porqué está el semáforo ahí. Es cierto que aquí, los semáforos solo son útiles en calles como ésta, con más de dos carriles para cada sentido de circulación pero aún así es un riesgo. Los rusos lo saben y por eso no ponen semáforos inútilmente. Vamos, que no ponen semáforos. Como bien dijo mi profesora de traducción el primer día que fuimos a clase: Si un peatón quiere sobrevivir en Rusia, lo mejor que puede hacer es no cruzar nunca la calle. Se han visto pasos de cebra con semáforo para peatones, es verdad, pero da igual que estén ahí. Que estés cruzando en verde para peatones y rojo para vehículos (algo lógico pero ignorado por todos) no quiere decir que ese 4×4 último modelo vaya a frenar si ve que hay gente cruzando. Demos gracias si desacelera. Cuando no hay semáforo para peatones, que es casi siempre, cruzar la calles es un juego de estrategia. Puedes mirar el semáforo que hay para los coches que van en la misma dirección que tú. O no. Si decides hacerlo, puede que, en el punto en que tú quieras cruzar, el semáforo quede detrás de ti, al otro lado de la calle. O mucho antes y al mismo lado y mirando ligeramente hacia la carretera. Decidas mirar al semáforo que decidas mirar; 1) siempre estará donde menos te lo esperas. Para ello, recomiendo llevar siempre un ruso de la ciudad contigo que son los que controlan cuál es tu semáforo y 2) No vas a ver fácilmente de qué color es el círculo iluminado. Da igual. Aunque pudieras, estás arriesgando tu vida. Esto sí es la lucha por la supervivencia y no lo de la gacela en los documentales de la 2. Cuando uno baja del coche, es un peatón y se arriesga a lo mismo que el resto. Cuando uno conduce un coche, es Dios todopoderoso, omnipotente y omnipresente, uno y trino, Ave María Purísima, y Dios nos pille confesados, amén.


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Monday, October 6, 2008

Adaptación al medio

Y van dos semanas. Ya hemos salido de fiesta por la ciudad, hemos conocido a rusos hispanófilos, estamos creando una pequeña familia con la gente de la residencia y hemos ido a nuestras primeras clases en ruso. Pero vamos poco a poco.

Hasta ahora he pisado dos discotecas. Una de música latina que pone las canciones del verano de hace 5 años, y otra de música electrónica y house que está muy chula (lo que es el sitio, la música… pues eso). Los rusos están siempre sentados, mirando como con ganas pero sin atreverse a más. Los hay que bailan, claro, pero les cuesta. Ellas bailan bien en general. Eso sí, las hay muy, digamos “sueltas”. Como ellos no se mueven mucho, ellas se mueven por ellos y algunas se lanzan al cuello de cualquiera que les haga el mínimo signo (o que a ellas les parezca bien). Se han visto cosas inquietantes. En cualquier caso, nosotros bailamos a nuestro rollo y nos lo pasamos bien. La otra discoteca me gustó mucho. Creemos que igual estaba hecha en uno de los pasadizos subterráneos que tienen los rusos con tiendas de todo un poco por debajo de las carreteras. Además parece una calle. tiene bancos en los laterales, empedrado, y farolas. Entre las farolas hay cuerdas de tender de las que cuelgan carteles con pinturas.

Los rusos son muy buena gente. Nuestros amigos son un encanto. Hablan un poco de español y siempre están haciendo bromas. Creo que son de ese tipo de personas que nacieron en el país equivocado. Cada dos por tres organizan alguna quedada para algo especial. Resulta que aquí, en la universidad, tienen un servicio como de guías para los estudiantes extranjeros con alumnos de la propia universidad. Como los que ahora son nuestros amigos empezaron siendo nuestros guías por la ciudad, nos han enseñado casi todo lo necesario, nos han llevado de cafés con sus amigos y nos corrigen el ruso macarrónico que hablamos. Y nuestros compañeros de residencia son estupendos. Mi compañera de habitación es un sol. Se llama Yn Dju, es coreana, lleva ya un año aquí y sólo habla ruso, así que me viene genial. Se apunta a un bombardeo, así luego pasa lo que pasa: todo el mundo la conoce. Es decir que ella es mi compañera de cuarto, y despertar el interés general. Hay una finlandesa, Kaysa, que nos encanta. No tiene nada que ver con los otros fineses que hay, que son estupendos pero más tranquilos. El fin de semana me lo he pasado conociendo mejor a mis compañeros. El viernes fui a una sauna con Yn Dju, Kaysa, May una vietnamita majíisima que lleva 7 años aquí y otras 2 coreanas. El sábado, a un parque muy grande que hay por aquí a hacer fotos del otoño que es precioso. Y el domingo fuimos al zoo que abrió hace dos semanas y que supongo que dentro de unos meses será la leche pero que ahora está un poco vacío.

Y las clases…. un horror. Empezamos con “Literatura para niños” pensando que como era para niños, la entenderíamos. “¡Que traigan a un niño de cuatro años!”. Ni flores, no entendimos nada, porque no es para niños sino “sobre” literatura infantil. Además, la clase era en un despacho y seríamos como 20 apiñados escuchando a la profesora. Luego fuimos a Teoría y Práctica de la Traducción en otro despacho. Mucho más desahogado, sólo eramos 5, pero claro, lingüística pura. El suicidio apareció como posibilidad a corto plazo. Fuimos a Curso Práctico de Lengua Rusa. Un poco mejor porque la profesora es joven. Era en el mismo despacho de antes pero en otra mesa y seríamos 6. Todas las chicas encantadas de tenernos allí, esforzándose para que las entendiéramos. La última clase fue una revelación, un regalo del cielo, una prueba de que Dios existe y es benévolo. Resulta que la directora de la “facultad” de filología nos dijo que podríamos hacer traducción pero que había que ir a otra “facultad” y preguntar allí y que no era muy probable que nos dejaran hacerlo (??). Bien, donde dice “facultad”, hay que leer pasillo. Entre estas dos facultades hay 20 metros, una a cada lado del pasillo, en la misma planta. Eso, ella no nos lo dijo. Tal y como lo explicó la mujer esta, era imposible y los de traducción no estarían dispuestos a ayudarnos. ¡Ja! No solo estaban dispuestos, sino que casi nos ponen una alfombra roja. La profesora (y creo que jefa del departamento) que habla español con acento entre ruso, francés y andaluz pero muy bien, estaba entusiasmada con tenernos en clase y nos abrió las puertas de ese pasillo de par en par. Las clases son un descanso mental porque son medio en ruso, medio en español.


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