Los Reyes del Camuflaje
Antes de nada, perdón por el retraso. Dije que escribiría antes, supongo que estaríais ávidos de noticias y yo sin dar señales. No es mi culpa. Fui a un ciber ruso. Después de media hora escribiendo, el ordenador decidió que esa página era aburrida y se fue a otra. Cómo me gusta. Pero aquí estoy, llena de anécdotas y solo llevo tres días. Empecemos pues.
Día 1. Llegamos a Moscú sin problemas, el viaje se me hizo eterno pero bien. Tras recoger las maletas, fuimos a la búsqueda de una oficina de cambio y en todas las que había se pusieron de acuerdo para tomarse el café a la vez. Después fuimos a buscar la taquilla 91 que estaba en la misma fila que la 56, la 30, la 92…no sé porqué. Nos atendió una chica muy maja que supo cuál era mi billete nada más le dije mi nombre. Pues va a ser que tengo cara de forastera. Nos agradeció que habláramos ruso. Cuando tocó pagar me sentí rica. Más que cuando no me lee la tarjeta de la universidad en el Mercadona y tengo que sacar las otras. La moza dijo 6740 rublos y sacamos la pastaca, la contamos y pagamos, “cash”. Luego fuimos a facturar y ¡¡al avión!! Bueno, avionetilla. Era como de los comics de Mortadelo, con las ventanas que parecían ojos de buey de un submarino. Muy pequeña y estrecha. Los asientos se podían echar para adelante para no darte con las rodillas. Llegamos a un aeropuerto que parecía una estación de autobuses de una ciudad de provincias en medio de unos bosques. La recogida de equipaje se hizo “al rebusco”: todas las maletas en la puerta y buscas la tuya y luego un viejito comprueba que sí que es la tuya.
Nos vino a recoger una chica muy maja, pelirroja y muy flaca que se llama Irina con un hombre que parecía el malo de James Bond. Nos trajeron a la residencia en un coche blanco que en su momento tuvo que ser la leche, de alguien rico pero ahora está hecho una tartana. Estaba decorado con banderitas de Rusia y Udmurtia y un perrito indeciso. Las marchas entraban raro pero la radio-cd era última generación. Sonaba música tipo Camela pero en ruso. Parece ser que les gusta ese género.
Según nos acercamos a la ciudad fuimos volviendo atrás en el tiempo. Estaba todo viejuno y parecía caerse a pedazos. Los coches aquí o son último modelo o no. Se ve que en la perestroika dejaron de vender coches o algo así y son todos o de mucho antes o de después. Los autobuses y trolebuses (sí, trolebus el híbrido entre tranvía y autobús) son del año de la polka. Hay una línea que pasa por mi calle que tiene las puertas negras de suciedad por debajo y a punto de caerse. Da miedo.
La residencia está genial. La ves por fuera y se camufla perfectamente con el ambiente. Yo pensé “joe, si esta es la mejor, la peor cómo será”. Pero qué va, está todo muy nuevo. Al final comparto habitación con una coreana muy maja que se parece físicamente a una chica del erasmus de Francia, Claudia. Todavía no la conozco mucho porque no para por la residencia y yo tampoco.
Bueno, volviendo a Irina, nos dejaron en la residencia. Irina nos dio tiempo para soltar las maletas y nos llevó a la universidad a registrarnos. Es un edificio muy bonito, parece nuevo, pintado de azul turquesa. Pero por dentro es como un hospital abandonado de la Segunda Guerra Mundial. El suelo parece que no lo han limpiado desde que cayó el muro de Berlín. Menuda fauna hay ahí. Ellas me matan de glamour. Unas botas…Me las imagino ahorrando todo un mes (eso incluye dejar de comer porque están muy flacas en general) para comprarse unas botas de mosquetero de cuero con tacón de aguja de 10 cm que luego no pueden combinar con la ropa de los 90 que les pasó su prima, claro. Ellos van más normales pero los guapos son bajitos. Miran mucho y muy fijo. Ya me lo habían dicho y no me molesta. Lo que me molesta es que cuando les miras tú para ver si pudiera haber acercamiento cultural, les da la timidez y desvían la mirada como si hubieran hecho algo malo. Así no se puede, oye.
Una vez instalados, fuimos a comprar algo para desayunar, agua (aquí el agua del grifo no se puede beber) y papel higiénico. Luego yo me fui con los venezolanos (hay 12, 7 en esta resi) a dar una vuelta por la ciudad. Nos llevamos especialmente bien con dos de ellos, pero son todos muy majos. En la residencia hay 4 coreanos, 3 alemanes, 3 finlandeses, los venezolanos y nosotros dos. Casi todo chicas. Hablamos en ruso salvo cuando nos falta el vocabulario que nos pasamos al ingles. Rusgles. Por la noche, Samuel y yo nos fuimos a cenar a un bar-restaurante-discoteca que está aquí al lado con los profesores de nuestra facultad y muy bien, la verdad aunque la comida tardó una eternidad. Dicho local es como todo. decrépito por fuera pero chulísimo por dentro.
Me levanto, voy a desayunar, saco mi brik de leche. Es rosita. La leche es rosita. Asustada (la leche no es uperisada, así que tiene que estar en la nevera siempre; pensé que del super a casa igual se había estropeado) pregunto a mis compañeros. Resulta que es leche para niños. Sabe a batido de fresa. Es muy raro. Ni es leche ni es batido de fresa. De hecho, al principio es leche, pero con regusto a batido de fresa. Y es rosa. Es que me ha matado. Hoy cuando fui a comprar más cosas le pregunté a una señora qué leche normal y blanca compraba ella. No voy a arriesgarme con otros sabores.
Menos mal que no pude colgar esto ayer. Habría tenido que escribir la aventura del centro comercial otro día. El Media Markt de aquí se llama Eldorado (?). Cuando estábamos eligiendo el detergente, sonó en la radio rusa…, tatán, XUXA. La de Ilarilario o o o. Esa. En español por supuesto. Luego volvió todo al tecno pop. La mitad del centro comercial son dulces y un cuarto es alcohol. Tienen Gallina Blanca, Popitas y Cola Cao marca Cola Cao (en cirílico). Los rusos son muy majos. Tienen una serie de productos que te ayudan a saber qué comen los rusos. ¿Qué desayunarán los rusos? Pues Kasha “Desayuno Ruso”. ¿Cómo serán las patatas fritas de bolsa? Pues “Patatas Rusas”. Y ya está. A la hora de pagar, tienes que comprar bolsas. Hay que elegir, ¿bolsas grandes o pequeñas? No recomiendo las grandes a menos que midas más de 1′80, que entonces no te arrastrarán por el suelo. Nosotros no lo sabíamos, menudo número montamos para cargar con eso.
Y cambiando de tema, estoy contenta porque hoy conocimos a una camarera rusa muy maja y a unos chicos en el super de al lado de casa (“casa”). Me cuesta sudor y lágrimas entenderles pero tienen una paciencia infinita y si tienen que repetir 30 veces “¿cuándo llegaste?”, lo repiten. Aunque le voy pillando el tranquillo.
