Sunday, May 31, 2009

Dachas, rusos y alcohol

Antes de nada, perdón por el retraso. He estado muy perezosa con la primavera (me pilló un poco desprevenida). Han pasado cosas interesantes, en realidad: fui a Kazán, a Praga, empecé los exámenes a la manera rusa (¡sorpresa!)… Pero hasta este fin de semana no ha pasado nada que tenga necesidad absoluta de compartir con vosotr@s. Mi alumna de francés, que dice tener 35 años pero le echamos 40 bien llevados, me invitó a la dacha (casa de campo que tienen los rusos con sauna y demás para los fines de semana y vacaciones). Esto no parece gran cosa, pero vamos a dar detalles de la experiencia. Yo pregunté si podía venir un amigo conmigo… y menos mal.

Me invitó porque la dueña de la casa es una friki de España y el español que da miedo, una obsesión que la ha llevado a hacer un busto de yeso de metro y medio de altura de Simón Bolívar y una palmera con 1600 y pico botellas de vino español que tiene en el patio. Esta mujer, Tatiana, traduce poesía española y adora a Lorca (al que también a traducido). Habla español bastante mal, supongo que debido a la falta de práctica oral, pero tiene un vocabulario y un conocimiento de gramática enorme.

Recogimos a un amigo de mi alumna por el camino y pasada 1 hora de verdes prados y densos bosques, llegamos al río Kama, junto al que se encuentra la casa de esta gente. Allí nos recibió Tatiana que reconoció a Ever en seguida (dado su frikismo, conoce a todos los hispanohablantes nativos o no de Izhevsk y eso incluye a una profesora y amiga suya y a las venezolanas, las cuales, parece ser, le hablaron de él). Un rato después llegó otra amiga, Ira, que también lo reconoció y las dos, como abuelas, comentaron las virtudes de Ever, lo guapo y fuerte que es y demás. Hay que decir que eran las 4 de la tarde y estaban ya todos los de la casa un poco “contentos”. Nos fueron presentando a la gente y todas las mujeres alabaron a Ever hasta que uno de los hombres decidió alabar mi belleza también y entonces se relajaron un poco. Creo que todo lo que había eran matrimonios (aunque debido a acontecimientos posteriores no sé quién estaba casado con quién) a excepción de un gay de la quinta de todos ellos (40-50 años) que nos recibió con un tanga rojo sentado en el porche de la casa. Nos llevaron a la mesa y nos invitaron a comer mientras investigaban nuestra procedencia y nos conocíamos mejor. Pasado un rato, mi alumna pasaba un poco de nosotros y yo hice buenas migas con el gay, Seriosha (de Serguei, si es que el nombre lo dice todo :P). El resto, no me pareció tan interesante aunque también es verdad que en aquel momento, él era el que más sereno estaba.

Por la tarde noche, después de un pequeño paseo por el Kama con mi alumna y su hijo de 9 años que resultó ser una aventura por un campo de ortigas y otras malas hierbas (yo con falda y chanclas, ojo), nos quedamos en la casa vecina que se comunicaba con ésta, junto con algunos otros del grupo. Allí, Tatiana se dedicó a preguntarme cuestiones de gramática española complicada y a pedirme traducciones hacia el ruso de versos de poemas en español (que ella ya ha traducido) sin diccionario y sin anestesia porque parece ser que hablo tan bien ruso que puedo hacer eso. Estaba bastante cuajada ya y no me soltaba ni a sol ni a sombra. Afortunadamente, Seriosha vino ataviado con una boa de plumas rojas, un gorro de moro granate y un chaleco negro y rojo (y el tanga) y se puso a darme conversación. Él también estaba cuajado y hablaba con otro hombre mientras se tiraban los tejos sutilmente y comentaban su vida sexual. Este otro hombre, casado, por supuesto, sugería que Seriosha debería irse a Tailandia a trabajar como prostituta. Ever, mi amigo, me explicó después que le contó que, por error (¬¬), se lió con un transexual en Tailandia. Me incluyeron en la conversación sin problemas y por lo menos, nos reímos un rato. Allí, Seriosha descubrió que yo me parecía mucho a su primo, también gay, y me empezó a querer mucho y a lamentar que nos hubiéramos conocido tan tarde.

Los dueños de esta casa, que no sé quiénes eran, estaban preparando la Bania. La bania es una sauna dónde se pueden alcanzar hasta los 180 grados y tiene todo un ritual asociado: te metes y sudas como un pollo, pasado un rato, alguien te pega con unas ramas con hojas secas para mejorar la circulación y van echando agua al carbón poco a poco para que haga más calor. Cuando no puedes más, te vas corriendo y te tiras a una piscinita de agua frííía y vuelves a la sauna. Así hasta que te canses, lo recomendable son 3 veces, pero yo no lo aguanto. Una vez estuvo la Bania preparada, no fuimos todos a la vez porque no hay espacio, pero todos pasaron por allí, menos mi alumna. No sé porqué pero ella estaba súper calmada con la locura que había por allí y no andaba muy pendiente de nadie…

Tras unas sesiones de bania, ya de noche, metimos la mesa al porche de la sauna y pusimos música y bailamos un rato. Todo iba bien hasta que, en medio de su pedo, todos bailaban con todos demasiado cerca y todos se metían mano y se besaban, fueran o no sus respectivas parejas… ahí fue donde yo me perdí. El colmo fue cuando la mujer cuyo cumpleaños se estaba celebrando (51 años) y otra rubia de su quinta, empezaron a besarse a petición del marido de la del cumpleaños. Todo esto no me parecía del todo mal; si eso les ayuda en sus matrimonios, reaviva su pasión y se lo pasan bien, todos contentos, aunque no esperaba yo que mi primer contacto con una orgía fuera a ser con gente de la edad de mi padre. El problema llegó cuando la rubia decidió tirarme los tejos a mi. En ese momento, ya me habían intentado meter mano la mitad de los hombres (con más o menos éxito, a veces me faltan reflejos) y me estaba empezando a incomodar la situación. Con lo que el colmo de la historia para mi era que una de las mujeres (y posteriormente, la otra) también lo hiciera. Después de que me dijera, “me gustas” con los ojos brillantitos decidí que era la hora de irme a dormir.

Fui para la casa y busqué camas. Estaban todas en la tercera planta, la buhardilla y tras subir las escaleras, te recibían dos grandes murales en el techo con representaciones de hombres y mujeres medio desnudos en posiciones insinuantes… reconocí a algunos de los invitados en las pinturas. Elegí una cama de las 10 o 12 que había e intenté dormir. Poco a poco fueron llegando todos y asistí a un concierto de ronquidos y ronroneos de gato (una gata con sus gatitos decidió acampar cerca de mi cama).

Al día siguiente, todos resacosos y contentos, comentaban el pedo del día anterior. Cabe destacar, que yo me levanté a las 10 de la mañana y lo primero que me ofrecieron para desayunar fue cerveza y como opción alternativa, vodka. La mañana prosiguió con tranquilidad, hablamos un rato con los anfitriones y pasado un rato, cada uno por su lado hasta la hora de partir.

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Saturday, March 14, 2009

La compra

La nevera está vacía. Te haces tu lista de la compra y te vas al super. Una vez allí, eliges tu Colacado, marca Colacado; atún Tuntún; en la carnicería te coges medio kilo de carne picada de cerdo y tres filetes de pollo, unos yogures y a casa.

Entonces, decides viajar a Izhevsk por la razón que sea y tus compras no volverán a ser las mismas. Además de saber lo que te falta en la nevera, tienes que contar con lo que faltará en el supermercado. Cada día hay productos distintos, unos días están y otros no y además por la mañana puede que estén y por la tarde puede que no, o al revés. No sé cuándo reponen ni con qué frecuencia.

Los supermercados aquí, parecen más bien almacenes. Además de las estanterías, hay cajas por todas partes con los mismos productos que en las estanterías. Es como si toooodo lo que tuvieran, lo pusieran a la vista. Y si no lo ves, es que no hay. Así de sencillo.

Las compras son siempre una sorpresa. Me falta chocolate para el desayuno… ¿Habrá hoy del que me gusta o tendré que comprar otro? O al revés. Tengo chocolate de sobra, pero ahi está el que me gusta… Lo tendré que comprar porque a lo mejor no vuelvo a verlo en tres meses.

Yo llevo buscando couscous desde que llegué. Pasado un tiempo, perdí la esperanza de encontrarlo porque no estaba por ningún lado, así que dejé de buscar. Y entonces un día, allí lo vi. Una sola caja de couscous, al lado de los macarrones. La compré, claro. A saber cuando volverá a haber otra. De hecho, no he vuelto a ver ninguna más y me paso los días contando los gramos de couscou. Me pasó lo mismo con un helado de chocolate en tarrina. Al día siguiente de yo comprarlo, mi amiga Dasha fue a buscarlo y ya no estaba. Y no sabemos si volverá a haber.

Esto solo pasa en los supermercados de esta ciudad, en otras en las que he estado, no pasa. No entiendo qué laguna de poder hay aquí para que hacer la compra pueda ser la alegría de la semana o el cabreo del mes.

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Tuesday, March 3, 2009

Fin del invierno, flores.

Este fin de semana, coincidiendo con el carnaval, en Rusia se celebra la Maslenitsa, un festival para despedir el invierno y recibir la primavera. Algo totalmente pagano y muy divertido (y no está disfrazado de ortodoxo ni nada). En principio lo que se hace en todas partes es comer crêpes (frisuelos de carnaval, ;D ) y quemar un muñeco, la chúchela, para que se vaya el invierno y todos los malos deseos y el año que viene todo sea bueno y haya suerte. Por lo visto, antaño, el 1 de marzo era el inicio de un nuevo año, con la llegada de la primavera. Considero que es un inicio de nuevo año más lógico que en diciembre, sobre todo en este país, pero bueno. (Mi reloj personal me hace tener un año nuevo particular que coincide con el inicio de las clases, en septiembre. No tiene fecha concreta.. Creo que también es más lógico que en diciembre, ¿Quién elegiría diciembre para Año Nuevo que no tiene ningún sentido, ni la primavera ni nuevos cultivos ni nada?).

Volviendo a la Maslenitsa. El departamento de Relaciones Internacionales organizó una excursión a un pueblo del sur de Udmurtia donde se celebra la Maslenitsa como en ningún otro sitio. Fuimos por la mañanita temprano en un autobús ruinoso. Tardamos 2 horas en hacer poco más de 80 km. Hubo un momento en un bache que los que estaban sentados atrás, se levantaron del asiento. Que amortiguación…

Llegamos al pueblo y nos recibió en un edificio un grupo de adolescentes vestidos con el traje tradicional que nos cantó una canción para felicitarnos la Maslenitsa. Después nos llevaron a comer algunos dulces y bollos y beber té mientras esperábamos al resto de la gente. En ese momento no lo sabíamos pero iba a haber un desfile con gente de todos los rincones de Udmurtia vestidos con traje tradicional. Fuimos a la puerta, donde estaban los adolescentes del comité de bienvenida y un grupo de abueletes marchosos (también con el traje tradicional) recibiendo a las diversas delegaciones.


Entre delegación y delegación, jugaban a juegos tradicionales también, muy divertidos y muy buenos para no quedarse frío. Casi todos eran o de corro o de pasillo. Por ejemplo:

El primero al que jugamos: había un pasillo de gente y por parejas había que pasar en medio bailando al son de la canción que cantaban. Los pasos eran cada vez más complicados y más rápidos.


En el segundo, había que cantar una canción muy tonta pero que servía para marcar el ritmo. Cada fila a los lados debía acercarse y separarse cada vez más rápido al ritmo de la canción. En cada extremo del pasillo, había una persona, un chico y una chica. Ellos tenían que correr entre ambos lados del pasillo evitando que los cogieran. Evidentemente, llegado un momento te cogen. Entonces, cada uno elige a una persona del otro sexo y se vuelve a empezar.

Los de corro eran casi todos para encontrar pareja. Me encantan las canciones asociadas a juegos para encontrar pareja, en el idioma que sea. Tienen todas un tono verdusco sutil muy divertido. Jugamos a uno por ejemplo en el que, al principio, los hombres bailan en cuclillas en el medio y las mujeres alrededor de pie. La canción, no la recuerdo bien, pero algo así como “si me quieres (amas), y me vas a enseñar, me tienes que dar un beso”. Se para de cantar, y entonces cada chica tiene que darle un beso al chico que le guste (en este caso, hombre hecho y derecho). Si alguien se queda solo al final, tiene que seguir cantando “nadie me quiere, nadie me va a enseñar” hasta que otra persona le dé un beso. Y luego, al revés, las mujeres en medio y los hombres de pie.

Hubo otro tipo “ratón que te coge el gato” también en círculo, donde 3 o 4 hombres desde dentro del círculo tenían que coger a las mujeres (3 o 4 también) que estaban fuera del círculo. No entendí bien la mecánica de este juego, la verdad, pero me reí mucho.

Otro juego era tipo “juego de las sillas” pero sin sillas. Por parejas se hace un círculo, uno en el centro del círculo y otro fuera. Los de dentro bailan, hasta que se acaba la canción y entonces corren a esconderse detrás de los que están parados. El que sobra baila solo en el centro y se empieza otra vez con los que antes estaban fuera.

Y el último de buscar pareja, me encantó. 4 o 5 chicas/mujeres (la media de edad superaba los 35 bastante a pesar de nosotros), salían al centro a bailar. Se llama “la zarevna” (hijas del zar). Hacían lo que decía la canción que era algo así:

Elijo a este mozo, a este mozo, a este mozo… (se repite hasta que todas las chicas tienen a un chico para bailar y en las siguientes instrucciones, se repite hasta que el que canta considera que ya han hecho bastante)
Acércate un poco más, un poco más, un poco más, … (hasta que se den un abrazo, por ejemplo)
Agáchate un poco más, un poco más, un poco más… (en ruso dice “ve un poco más abajo, más abajo”… la idea es que se arrodillen ante ti, pero ahí está el tono verdusco que me gusta, jiji)
Agárrame más fuerte, más fuerte, más fuerte… (de las manos, primero una, luego otra, las dos, y así)
Dame un abrazo y un beso, y otro, y otro (en las mejillas, hasta que el cantante considera que ya ha habido bastante roce y beso).

(Ahora que lo pienso… si en los juegos estos, siempre eligen las chicas, y “ordenan” las chicas,… algo de esto habrá aguantado hasta ahora, ¿no?, porque los chicos no hacen nada de nada).

Y después de tanto juego, el desfile. Todos ordenados por ciudad de origen salvo los extranjeros, que al estar en una situación un tanto apátrida nos juntamos con los abuelos de los juegos porque eran marchosos y porque ellas parecían matrioshkas, sobre todo una.


Llegamos a un parque donde habían puesto la chúchela y donde bailaron para que se fuera el invierno y llegara la primavera. Hubo una batalla campal frío contra calor, que no sé quien ganó en la representación, pero en la vida real ganó el frío. Bailaron unas cuantas mozas vestidas muy primaveral (con los abrigos debajo, claro, estábamos a -5) y luego hubo un diálogo entre Invierno y Primavera. Como inverno en ruso es femenino (zima) Snegirushka (la ayudante de Papá Noël en Rusia) bailó con Maslenitsa en persona y Primavera para despedirse de buenas formas. A partir de ese momento, en Rusia ya es primavera. Y yo me parto y me mondo. No sólo porque de toda la vida de Dios, la primavera empieza el 21 sino, sobre todo, porque hace un frío que pela y antes de la Maslenitsa hacía sol, pero ahora ya no y ha vuelto a nevar. Alguien hizo mal algún paso y así estamos.

La chúchela. Los niños que representan la primavera y el invierno.

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Misa ortodoxa. Amén.

El sábado pasado, fui a una iglesia ortodoxa con mi alumna de francés. Tiene 35 años, un todoterreno, dinero y es muy maja. Hace tiempo me comentó que había un iglesia en un pueblo por ahí que tiene una misa un poco particular así que fuimos el sábado. Fuimos ella, una amiga suya, una colega finlandesa que habla español y yo. Nos levantamos a las 7 de la mañana porque el pueblo está como a 70 km. Los paisajes hasta que llegamos allí son impresionantes, toooodo cubierto de nieve, hasta el infinito. Como La Mancha, pero nevado y con abetos de fondo. Increíble. El pueblo en sí, como todos los que vimos hasta que llegamos allí, no tenía nada de especial. Sólo casitas tradicionales (que son bastante bonitas). A fuerza de verlas me he dado cuenta de que los rusos tienen las casas al revés. En España, la puerta principal da a la calle; en Rusia, lo que da a la calle es el culo de la casa. Para entrar, tienes que rodear la casa. Y no sólo pasa con casas de pueblo, todos los bloques de pisos están así construidos.

Pero ese no es el tema. Llegamos a la iglesia. Una iglesia pequeñita, pequeñita. Lo extraordinario es que la misa es cantada y que la mitad la ofician las monjas del convento del pueblo. Las monjas ortodoxas visten de riguroso negro de pies a cabeza, sólo se les ve la cara. Y cuando digo solo la cara, es únicamente la cara, ni siquiera los brazos se ven. Hay distintos tipos de hábitos, pero no sé qué diferencia de rango tiene la monja según el hábito. Había una abuela muy mayor que se quedó dormida en la misa, que además llevaba como un delantal y un pañuelo en la cabeza con inscripciones en eslavo antiguo. Supongo que será la Madre Superiora.

El cura que “oficiaba” la misa parecía Gandalf el Blanco, estaba detrás de una pared con celosía y hablaba entre canción y canción. No tiene ningún mérito dar la misa así, que conste. En una misa ortodoxa normal, el cura oficia de espaldas a su público y la gente está de pie todo el rato porque no hay bancos. En esta misa, el cura oficiaba de espaldas, con el muro, la celosía y una túnica que le cubría por completo. Mira no, yo no estoy de pie 3 horas para que a este señor que ya lleva años oficiando se esconda. La vergüenza hay que quitársela, señores ortodoxos. Y además de todo, casi no hablaba, que había tres monjitas escondidas detrás de un icono cantando todo el rato. Hubo un momento que el hombre se fue y siguió hablando-cantando una monja. Poco serio ese señor… hm.

Pero lo más impactante fue ver a las abuelitas durante la misa. Más que una misa, parecía una clase de aerobic. Yo no sé a qué orden se hacía la genuflexión, porque la misa es en eslavo antiguo y no entiendo ni papa, pero cada dos por tres estas señoras de más de 70 años, se agachaban a tocar el suelo con los dedos. Pasado un rato, llegaron a arrodillarse completamente y tocar el suelo con la frente. De pie, de rodillas, de pie, de rodillas, … así toda la misa.

Cuando el cura se fue a no sé dónde, todo el mundo se fue a comprar cirios y a ponérselos a su icono favorito. A nosotras nos dieron uno pero no nos explicaron nada, así que lo encendimos y nos dimos una vuelta por la iglesia con cara de circunstancia para curiosear. No era muy grande pero, según me explicó mi alumna, tenía un icono de madera muy peculiar: Un Cristo crucificado, la virgen y supongo que María Magdalena. Es cierto, ahí estaba. Esto es una particularidad de esta iglesia porque en las iglesias ortodoxas solo están permitidos los iconos, los dibujos y pinturas, pero no las esculturas. Esta talla en madera además, se salvó del comunismo. Y por lo que parece el rito también, porque las abuelas que estaban allí, parecen llevar toda la vida haciendo eso.

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Tuesday, February 17, 2009

Laberintos soviéticos

Qué gusto tenían los antiguos soviéticos por las cosas complicadas. Cualquier edificio que tenga entre 30 y 50 años es un laberinto. Cualquiera. Un hospital, un centro comercial, un cine, la universidad, un centro deportivo…

Cuando fui a ver a mi amiga al hospital descubrí que si tienes prisa o poco tiempo para una visita, nunca llegarás a ver a tu pariente enfermo. La primera vez que fui al centro comercial Univermag, que está en la Plaza Central junto a un hotel Park Inn (el más caro de Izhevsk), tardamos media hora en encontrar la tienda que queríamos. Me explicaron que ése era el centro comercial por excelencia en los tiempos del socialismo. A lo mejor eso explica porque está tan mal construido (centro comercial=consumismo y eso). Aunque su utilidad fuera otra, seguiría siendo desesperante entrar ahí. Creo que tiene tres plantas (que conste que ya he ido varias veces, me compré allí mis patines, pinzas del pelo y una camisa), pero no estoy segura. Lo que si es cierto es que NO es un centro comercial. Son dos. Comunicados por un pasillo en alguna de las plantas, creo que la segunda. Estoy segura de que ese pasillo es como las escaleras del colegio de Harry Potter: se cambia de sitio. A veces lo encuentro y a veces no. Tiene varias entradas, unas te llevan a Univermag y otras a León. Unas te ofrecen unas tiendas y otras te ofrecen otras. Y lo que más me gusta es… ¡que tiene plantas intermedias! Sí, señor. Existe el piso 1′5 en el que hay tiendas de ropa. Además esta organizado en plan concéntrico y nunca recuerdo dónde estaban las escaleras. Algunas están en el medio y otras a los lados.

Un poco más abajo, en la misma Plaza Central, hay un cine. Está bastante bien, los asientos son muy cómodos, se reclinan un poco cuando te sientas (mejor que el Kinépolis, oye). Hay un restaurante, una cafetería y varias salas. El baño está abajo y arriba están las salas. Hay una sala para niños y una VIP, que es a la única a la que he ido hasta ahora. Según a la hora que vayas, pagas un precio u otro y vas a una sala u otra. Creo que eso es completamente arbitrario. La que siempre me toca está en la planta de arriba. La primera vez que fui me encontré con el restaurante a la izquierda y enfrente una puerta cerrada. Había que atravesar el restaurante de punta a punta para llegar al pasillo que conducía a la sala.

Y hace un par de días fui a apuntarme a una piscina. Normalmente, para ir a la piscina, tienes que hacerte un certificado médico un poco complicado, pero allí lo puedes comprar. A mi al final me salió gratis. Está en un lugar llamado Aksion que no sé muy bien que es. Hay tres edificios, uno junto al otro y los tres se llaman Aksion. Uno de ellos es un centro comercial laberíntico, el otro tiene unos torniquetes por los que hay que pasar (pagando) para llegar a alguna parte. Algún día investigaré eso. El tercero es un centro médico. Tiene un anexo pequeñito en el que está la piscina. Como todos los lugares públicos aquí, tiene un guardarropa a la entrada. Pagas a la derecha y subes unas escaleras a la izquierda. Allí está la sala del médico y una cafetería. Una señora que está junto a la cafetería te pide el certificado médico y te da a cambio una llave (la de la cabina en el vestuario) y pasas a la piscina. Eso está bajando unas escaleras que hay tras una puerta. Pasas a un pasillo en el que está el acceso a los vestuarios y luego todo lo demás es normal. Pero, antes de pasar a ninguna parte, tienes que quitarte el abrigo a la puerta y los zapatos y recorrerte todo el edificio en chanclas.

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Monday, February 9, 2009

El horario de clases

Las clases han vuelto a comenzar después de un largo periodo de descanso. Bueno, en realidad no.

A mediados de enero, fui a preguntar dónde estaba nuestro horario de clases, porque aquí, a diferencia de en Europa (por lo que sé, toda Europa), el horario, que es un lío que nunca entenderé, se improvisa sobre la marcha. Me dijeron que las clases empezaban a principios de febrero, el 10. La semana pasada supe cuál era mi horario para este cuatrimestre pero hoy, “primer día de clase”, sé que no sirve hasta marzo (y veremos a ver, ya no me fío nada). Fuimos a la universidad y no había nadie, la puerta del aula cerrada a cal y canto (por cierto, si un aula está cerrada cuando deberías tener clase, los alumnos tienenque ir a por la llave y sentarse a esperar aunque luego el profesor no venga. No sé dónde se coge la llave). Una chica pequeñita nos preguntó que buscábamos. Luego, descubrimos que ella era nuestra profesora, a pesar de que cuando le respondimos no nos dijo nada. De todas formas nos ha dicho que eso es clase de español, que nosotros no tenemos que ir. Total, que resulta que mañana tenemos una reunión en la que nos hablarán sobre un proyecto que tenemos que hacer durante todo el mes, hasta marzo, momento del inicio de las clases.

De verdad que aquí la universidad es un jaleo… yo no entenderé nunca cómo funciona. Samuel se fue en diciembre, antes de los exámenes y me dejó encargada de darle los deberes. Nadie sabía cuando eran los exámenes, si en enero o en diciembre. Cuando Samuel volvió de España estuvo una semana buscando a los profesores para saber cuando tenía los exámenes. No los encontró y nadie sabía nada. Pasada una semana, la jefa del departamento de ruso, le echó la bronca porque todavía no los había hecho. “Nadie” quiere decir, absolutamente nadie: profesores, relaciones internacionales, facultades, departamentos… La semana siguiente a la marcha de Samuel, en las clases de gramática de la residencia (sí, nos dan clase en la residencia) nos dijeron que a la siguiente semana, teníamos los exámenes. Y lo que es mejor. Un día llegué tarde a una clase. Según abro la puerta me encuentro con todo el mundo allí y unas tartas encima de la mesa y té y pastas. “¿Qué pasa?”, pregunto yo, inocente de la vida. “Pues nada”, contesta mi profesora Belova, “ahora tenemos el cumpleaños de estas chicas y luego hacemos el examen, ¿te parece?”. Aturdida, asustada, pregunto si todos tenían noticia de ese examen menos yo o si nadie sabía nada. Efectivamente, nadie sabía nada. Ante la cara que debí poner, la profesora preguntó si acaso nos venía mejor la semana siguiente. No, no era mejor. La mitad ya había planeado sus vacaciones o tenía otros exámenes.
El examen era de traducción español-ruso pero afortunadamente la profesora me dio un texto ruso para traducir al español. Qué detalle. Desafortunadamente, en el departamento solo tenían diccionarios español-ruso. Pero, afortunadamente, me senté al lado de Dasha que sabe bastante y tiene un móvil con internet para mirar el diccionario online. Y la profesora se fue a lo que sea al departamento y no volvió. Por lo visto, tampoco era un examen importante, algo más como un control pero bueno.

Y la vida sigue con un suspense constante en los pasillos de la facultad.

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Monday, January 19, 2009

Katat’saa

El verbo Katat’, según el diccionario Rubiños significa: rodar, llevar, amasar, calandrar, laminar, enfurtir y batanar; según lo que le pongas detrás. Katat’sa es la forma reflexiva y, dependiendo de en lo que katat’sa, cambia el significado en español. Como diría mi profesor Enrique: “y, ¿Qué es lo que se puede katat’sa en ruso?” Se puede katat’sa en patines, en lancha, en trineo, en esquíes, en bicicleta… y, de vez en cuando, en caballo también (normalmente en caballo se “va en medio de transporte”, ezdit’). Con lo que yo deduzco que es algo así como “montar”. Los rusos ya me han dicho que si dices katat’ en patines (no reflexivo) es como si alguien te fuera empujando detrás, con lo que la forma no reflexiva es, más bien, rodar o llevar…

Este domingo fuimos al bosque (algo muy ruso para hacer en familia) a katat’sa en diversas cosas: patines (al final no), trineo, plástico duro que parece una pala de la playa grande en la que te sientas y te tiras por un tobogán/una cuesta/una colina y sirve para que no te dejes el pantalón ahí, y una especie de palangana pequeña que sirve para lo mismo que la evolución de la pala. La “palangana” se llama en ruso katal’ka. Tal vez sea el origen de katat’sa, no lo sé.
Total, que fuimos al bosque a -15 grados a tirarnos por una cuesta que iba a dar al lago congelado cubierto de nieve. Me lo pasé genial aunque al volver a casa temí que me fueran a amputar algún dedo por el frío. Genial, genial. No hay escapatoria, te tires como te tires, vas a acabar siempre en la nieve de cabeza.


Además, tuve ocasión de charlar con un pescador del lago, que nos dijo que había metro y medio de hielo y ver como pescaba un pececito.


Aproveché también para hacer un ángel en la nieve que no me salió muy allá, pero bueno; y para congelarme mientras paseaba por encima del lago.


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Monday, January 12, 2009

Cosas de hombres

No sé si es el país o la ciudad en la que estoy. Lo que sí que sé es que puedo decir con tranquilidad: “Los hombres son muy machos”. Bueno… igual los hombres son normales pero tengo 2 (dos) pruebas irrefutables de que los rusos tienen que tener más testosterona que el resto.

Prueba número 1: Los pelmeni (algo parecido a los ravioli pero más potente) “Master”. Para los hombres de verdade incluye un dibujo de un fornido leñador. Eso quiere decir que la voz de ultratumba del sábado no era por la discoteca del viernes.

Prueba número 2: La evolución del auténtico hombre. Publicidad para una tienda de armas llamada Kornet, “el lugar de encuentro de los hombres de verdad”.

Pelmeni y armas. Como me de por las armas de repente, no necesito hormonas para cambiar de sexo.

Prueba número 1.

Prueba número 2

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Thursday, December 25, 2008

Descubriendo el frío

Mientras que el otoño ruso es deprimente, sucio, gris… (Y esta ciudad no le ayuda nada), el invierno es genial. Ahora entiendo porque mis rusos estaban tan pesados con la llegada del invierno. Es precioso, es todo blanco, el sol brilla a través de las nubes y está todo muy bonito. Sólo hay dos pegas: el frío que te la pela y que a las 4 ya es de noche. Porque con este frío (ya he estado a - 20) no se puede salir a pasear en condiciones para disfrutar del paisaje: más de media hora a - 20 no se puede estar de paseo por mucho que corras. Y como a las 4 ya es de noche, pues bueno, sigue siendo bonito pero hace todavía más frío. Me da mucha rabia porque yo quiero ir a pasear al lago que está congelado, que me han dicho que la gente va a pescar allí y pienso, “bueno, pues voy después de clase”… pero es que después de clase, ¡ya es de noche! y no puedo. :(

Los niños salen a montar en bici. Esta es la plaza de la Llama Eterna, en homenaje a los fallecidos en la Gran Guerra Patria (II Guerra Mundial)

O me quedo sin comida, y pienso, “bueno, pues voy ahora después de comer” y me da una pereza… Al principio me daba agobio. Me levantaba yo un sábado tranquilamente a la una de la tarde, me daba mi duchita, me preparaba mi pasta y ¡joe! ¿ya es tan tarde que se está haciendo de noche? ¡ay, que me cierran el super! y luego, ah no… que son las tres y media. Y entonces te da pereza. Lo que pasa que antes, cuando todavía estábamos a 7 graditos pues me resultaba más fácil, pero ahora es todo un trabajo de mentalización. Empiezo después de comer: “Venga, Inés, tú puedes, va. Que sino mañana no cenas… venga.” Y me preparo como para ir al Everest con 8 capas y la mochila. Que he descubierto que no me hace falta un abrigo especial, con dos camisetas, una sudadera, el jersey y el abrigo, no paso frío ninguno. Y las mallas térmicas y como una reina. Me despido de la gente y al super. Que el super en sí es un mundo aparte del que hablaré un día, pero bueno.

Total, que el invierno ruso mola. Y además nieva de vez en cuando y luego, ¡la nieve se queda! Que diréis, pues claro que se queda. Pues mira, eso en España no pasa, así que yo me emociono toda. Me gusta mucho mirar a la nieve cuando cae, sobre todo contra la dirección del viento de noche, porque es como el salvapantallas de estrellas de Windows, pero además, los copos te dan en la cara. Además, empiezo a diferenciar tipos de nieve:

La nieve normal: Es la que conocemos en España. La que cae siempre que nieva. A veces se tira un día entero nevando y luego quedan 20 centímetros de nieve y está muy bien porque se pueden hacer muñecos y peleas de bolas.

La nieve asesina: Es una nieve abundante, de copos pequeños y compactos que cae a gran velocidad y se te mete en los ojos con mala leche. De ahí el nombre. Como se te meta un copo mientras estás cruzando la calle, estás muerto. Y con esta también se puede jugar.

Mi nieve favorita: desde que la vi la primera vez, supe que la quería. Son unos copos grandes, blanditos, que a veces se apelotonan juntos y cae despacio aunque haga viento. Si no hay viento, cae como las hojas de los árboles. Brilla y cuando se deposita en cualquier superficie, sigue brillando. Como los copos son tan grandes, puedes ver los dibujos que tiene a simple vista. El mayor inconveniente es que no se puede jugar con ella. Pero si la coges con la mano, algunos copitos siempre se quedan pegados y luego te brillan los guantes. :)

Nieve congelada en mi ventana. Más o menos así de bien se ven los copos de mi nieve favorita.

El otro día, me fui a dar un paseito y a hacer fotos de lo bonito que es todo. He descubierto que a estas temperaturas me cuesta respirar sin filtro, así que voy tapada con la bufanda por encima de la nariz. Porque esa es otra, yo aquí veo mucha gente que sale sin taparse la nariz y tan tranquilos, debe ser que mi nariz es demasiado grande para este país pero es que después de un minuto, no la siento y tampoco puedo respirar y si quiero respirar por la boca, mucho peor así que tapada en plan mora, y ya está. Lo que pasa, es que se me empañan las gafas con el vaho. Y pensaréis que con este frío eso no es un problema porque se desempaña enseguida. Craso error. Eso lo pensaba yo, y esperé a que el vaho se fuera mirando por encima de las gafas. Y esperé, y esperé… Y pasaron diez minutos y me quito las gafas a ver que pasa y es que, ¡se me ha congelado el vaho! ¡Tengo escarcha en los cristales de las gafas!

Tras este nuevo descubrimiento del frío, llevo las gafas en la funda, la funda en el bolso y el bolso colgando y ya está. Cuando entro a un sitio, me tiro 5 minutos limpiando las gafas, porque esas medidas de precaución no impiden que se empañen en un local, y sin ningún problema. Claro, que esto de ir sin gafas, tiene la ventaja de que me va quitando las ojeras que me provoca dormir de mala manera en la cama de la residencia, y el frío este me estira la piel y me la tersa que da gusto.

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Friday, December 19, 2008

Truquillos para ahorrar de Dasha

Mi amiga Dasha es una rusa avispada que habla español muy bien aunque nunca ha pisado España. Es una estudiante sin recursos. Bueno, o con recursos de estudiante que son limitados. Por eso mismo tiene una serie de trucos para hacer la vida más llevadera y barata.

Dasha se hace la tímida debido  al frío polar

Para empezar, se compra el abono de autobuses y tranvías, y si algún mes no le llega el dinero para pagar los 300 y pico rublos que cuesta, se lo falsifica para el siguiente.

Para ir a patinar sobre hielo tiene dos opciones:

  1. Va a la plaza del Fuego Eterna (en honor a los que murieron en la Gran Guerra Patria = II Guerra Mundial) a patinar con deportivas porque el suelo resbala cuando ha nevado

  2. Va a la pista de patinaje del Parque Kirov y entra con sus patines haciéndose la loca de que hay que pagar. Como se tiñe el pelo de castaño oscuro, pasa por extranjera y se pone a hablar con acento en caso de que la pillen.

En el comedor universitario, se coge las ensaladas gratis, puesto que están situadas al final de la cola y puedes meter un brazito por ahí sin que nadie se dé cuenta.

Y por último, y este es mi favorito: está enganchada a conseguir tarjetas de teléfono gratis. Cada dos por tres, alguna compañía ofrece tarjetas SIM gratis o a un precio muy bajo (normalmente cuestan 90 rublos = 3 euros. En estos casos, 20 rublos). Es una fiebre que le entra cada vez que ve un stand. Fui con ella al supermercado de al lado de casa y al salir, nos encontramos con la oferta de hasta 3 tarjetas de la compañía MTS por persona, gratis. Se lanzó a la cola. Cómo ella no tenía el pasaporte a mano, esperamos 40 minutos (sí, no es la única con esa afición) para que me hiciera las tres tarjetas. Ella se quedó con una y planeó ir al día siguiente a conseguirse otras tres más. Yo tengo dos.

La mejor parte es que Dasha, antes de semejante operación, tenía ya 6 tarjetas de teléfono de diferentes compañías. Una para Moscú, otra para Siberia, otra para Izhevsk y las otras, no sé muy bien para qué. Dice que para trapichear, revenderlas o regalarlas pero el caso es que las tiene en su casa muertas de la risa.
Con el tiempo, me he dado cuenta de lo sabio que es tener varias tarjetas. Sobre todo si son de regiones distintas, porque dentro de la Federación de Rusia hay un roaming casi tan alto como el que puede haber entre distintos países de la Unión Europea, con lo que cuando te vas a otra ciudad por más de tres días, sale más rentable comprar una tarjeta nueva para llamar dentro de esa región, que pagar roaming.

Ahora mismo, disfruto de mis tarjetas. He descubierto que cada una venía con 20 rublos de saldo, así que, cuando tengo que llamar a alguien que es MTS, utilizo cualquiera de ellas, que es más barato. Y así hasta que se me acabe el saldo en todas y entonces elegiré una para mi y mis amigos MTS y otra para regalársela a quién la necesite.

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